Petróleo, modernización y trampas

Vie, 09/08/2013 - 05:00

Nadie en su sano juicio podría oponerse a modernizar y hacer más productiva y eficiente a la industria petrolera. Cómo hacerlo está en el centro de la discusión y análisis de una reforma energética. Por eso es falso el argumento de que el debate confronta a los que quieren modernizarla y los que se niegan a hacerlo. Todo apunta y obliga a modernizar. El cómo, se insiste, es el que marca la disyuntiva.

Esta discusión lleva 30 años, los mismos que llevan en el poder los tecnócratas neoliberales, tanto del PRI como del PAN. Sus ideólogos han impulsado la especie de que esa modernización pasa por la apertura total de la industria al capital privado nacional y extranjero, pues sólo así, argumentan, será posible realizar las costosas inversiones que se requieren para no quedarnos sin petróleo al cabo de unos cuantos años. Y también pasa, advierten, por la necesidad de extirpar la corrupción e ineficiencia del monopolio estatal Pemex. El capital privado, dicen, vendría así a rescatar una industria que agoniza.

¿Por qué, si agoniza, los intereses privados nacionales y extranjeros han estado estos 30 años tan desesperadamente interesados en el petróleo? Es claro que esa industria ni agoniza ni los particulares vienen generosamente a rescatarla. Esa industria es y seguirá siendo, en el mediano plazo, un gran negocio con amplísimos márgenes de ganancia para quienes participen y para quienes faciliten esa participación.

¿La participación privada garantiza curar el cáncer de la corrupción e ineficiencia? Por cierto que no y ejemplos hay muchos aquí y en el extranjero. Ahí están, para no salirnos del sector energía, el escándalo de las irregularidades contables de la hoy desaparecida Enron o el tráfico de influencias de la también estadounidense Halliburton. Ineficiencia y corrupción que, ya sin salirnos del país, llevaron a la quiebra y obligaron al rescate de la banca reprivatizada o, más recientemente, a la pérdida de miles de empleos con la bancarrota de la Compañía Mexicana de Aviación.

¿La apertura total de la actividad petrolera al capital privado —como propone el PAN— o los contratos de producción compartida, como se asegura que propondrá el gobierno de Peña Nieto, serán los únicos caminos para modernizar esa industria? Eso es lo que se debe debatir con abundancia de información y la verdadera intención de beneficiar al país.

Esa intención bien podría mostrarse, por ejemplo, si se nos informara sobre los alcances ecológicamente catastróficos (por el excesivo uso de agua y por la emisión a la atmósfera de sustancias tóxicas), de la explotación del llamado gas esquisto o gas shale referido como la panacea energética que convertirá a EU en autosuficiente en materia de energía y que, por supuesto, se buscará explotar en México.

No se trata entonces de una oposición dogmática a abrir más la industria petrolera al capital privado. Y se dice más, porque la participación de particulares se da ya en prácticamente toda su cadena productiva (incluso en las específicamente reservadas a Pemex por la Constitución) ¿Sabía usted que Pemex —como recordó hace unos días el columnista de Milenio Jesús Rangel— es dueña de 51 empresas privadas poderosas: 22 de Pemex Corporativo, siete de Pemex Exploración y Producción; 20 de Pemex Gas y Petroquímica Básica; una de Pemex Refinación y una más de Pemex Petroquímica?

En Pemex, por lo demás, ocurre lo que en el país: corrupción y mala administración son el pan de cada día. Igual daño le hace su caciquil sindicato que sus corruptos administradores. Sus impresionantes utilidades (a pesar de todo lo que se diga en contra) son devoradas por la vía fiscal y por su imposibilidad de hacer uso de ellas para planear de manera autónoma sus nuevas inversiones. Acaso habría que empezar por ahí para que uno pueda creer que se hará lo necesario para garantizar que el país será el gran beneficiario de la decisión de compartir la producción con el capital privado nacional y extranjero.

Instantáneas

1. ARGUMENTOS. La iniciativa del PAN echa mano para justificar la apertura de los argumentos originales de la expropiación petrolera de 1938 y a lo mismo, se asegura, recurrirá el gobierno en su propuesta de reforma energética. Y es que la ley reeglamentaria del artículo 27 constitucional (promulgada en 1940) permitía contratos con particulares para explorar y explotar “mediante compensaciones en efectivo o equivalentes a un porcentaje de los productos que obtenga”. Es una trampa que desconoce un contexto histórico en el que aún no se había creado Pemex ni la paraestatal había desarrollado tecnología. ([email protected]) (Twitter: @RaulRodríguezC).

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