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La propaganda de 'El Chapo'

Mié, 09/03/2016 - 04:00

J0AQUÍN ‘EL CHAPO' GUZMÁN y el cártel del Pacífico desarrollan con éxito una estrategia propagandística para sacar ventaja de su actual situación, fortalecer los negocios de la organización criminal, procesar el reacomodo de mandos y negociar la extradición a EU de su líder histórico desde una posición de mayor fuerza.

Esa estrategia propagandística echa mano de abogados y familiares del capo para sembrar en la opinión pública ideas sin corroborar de que el capo es maltratado y hasta torturado, aislado y en riesgo de muerte o, más recientemente, que su poder corruptor es tal que, mientras estuvo prófugo, pudo ingresar dos veces a EU y que financió campañas de políticos que lo traicionaron, junto con su socio Ismael ‘El Mayo' Zambada.

Emma Coronel, la madre de las gemelas de Guzmán Loera y los abogados del capo, han apuntalado la campaña sobre los abusos carcelarios contra el criminal, mientras que una supuesta hija residente en EU, Rosa Isela Guzmán, en declaraciones al periódico británico ‘The Guardian' (que documentó su identidad con una acta de nacimiento), se ocupó de hablar de la traición a su padre de los políticos a quienes financió, aunque después se desdijo y culpó al rotativo inglés de difamarla, lo que para el autor de la nota, José Luis Montenegro, fue una reacción de miedo.

Todo eso, en fin, no tiene asideras sólidas con la realidad. Lo que digo es que son versiones basadas en dichos, sin corroborar por otras fuentes, y acaso verosímiles por las referencias difundidas por películas y series de televisión como "La reina del sur", "El señor de los cielos" o "El patrón del mal".

La mente maestra detrás de esta campaña de medios sabe perfectamente que sus mensajes son sembrados en una sociedad fracturada y muy enojada con sus gobernantes. Esa propaganda ha conseguido que un criminal, responsable en parte del baño de sangre en el país durante los últimos 20 años, represente el sentir de un amplio sector de los mexicanos.

La campaña mediática inició con la presentación de narcomensajes y decapitados (escalofriante propaganda de terror bien afinada por EU en los 20 y 70 del siglo pasado), que siguió con la utilización del prestigiado periodista Julio Scherer para mostrar a Ismael ‘El Mayo' Zambada en una entrevista acrítica que más bien sirvió para mandarle al gobierno de Felipe Calderón que pese a su mal lograda guerra, el negocio y sus estructuras seguían boyantes, y que ahora continúa con los mensajes referidos líneas arriba.

La estrategia, a no dudarlo, incluye el afán, empujado por el propio Guzmán Loera de hacer una película en la que Hollywood lo inmortalice. Y no sólo es la megalomanía del criminal, sino el aprovechamiento de una marca: ‘El Chapo' que, no dude usted, el capo, su familia y su cártel busquen registrar en EU y México, aprovechando la fama mundial que cobró el criminal cuando la revista Forbes lo incluyó en su lista de multimillonarios.

Pero toda esta propaganda tiene en el fondo, no obstante, una trágica realidad inocultable: la creciente violencia e influencia de organizaciones criminales. Para confrontarlas, el gobierno de Calderón sacó a las calles al Ejército, las confrontó a sangre y fuego (aunque siempre argumentó que la violencia era entre bandas), llenó su discurso de inflamadas arengas y finalmente fracasó con un saldo de muertes equiparable al de una guerra civil.

El regreso del PRI con Enrique Peña Nieto concluyó que esa violencia sólo estaba en la percepción de la gente por el bombardeo noticioso que la consignaba, compró el argumento de que la violencia era entre bandas, cerró la puerta a las agencias estadounidenses de policía e inteligencia tanto como las abrió su antecesor Calderón y decidió sacar de su discurso los hechos que alimentaban esa percepción. Incluso convocó a los medios para que se unieran en una especie de autorregulación que arrinconara lo más posible la información sobre el narcotráfico.

Pero nada, narco y violencia continúan. Y en ese contexto, la mala imagen del Presidente. No sé si ya se haya dado cuenta que no es un problema sólo de opinión pública y que también en ese ámbito va perdiendo la batalla. Nada podrá comprender ni revertir sin antes aceptar que la sociedad está indignada con el gobierno. La violencia criminal es inocultable y mal haría el periodismo en no consignarla. Pero debe hacerlo con la capacidad y el talento necesarios para diferenciar lo que es propaganda.

@RaulrodriguezC.

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