La debacle en el PRD

Vie, 09/01/2015 - 05:00

TANTO se ha mimetizado el PRD con el gobierno del PRI que los dos atribuyen sus respectivas debacles, a campañas orquestadas por quienes, aseguran, han visto afectados sus intereses por las reformas “transformadoras” promovidas y aprobadas por ambos. No quieren darse cuenta que la crisis de credibilidad y representatividad que ambos enfrentan, no es mera expresión coyuntural de intereses políticos o campañas mediáticas, sino evidencia inequívoca, de una crisis de fondo, estructural.

Desde que ocurrió en septiembre la tragedia de Iguala, el gobierno federal por un lado, y el PRD por otro, tuvieron reacciones titubeantes, equivocadas, acaso impulsadas por su inocultable complicidad con los responsables de lo sucedido.

Lo ocurrido en Iguala con los normalistas de Ayotzinapa desveló, entre muchas otras cosas, los vínculos documentados del ex presidente municipal José Luis Abarca y su esposa María de los Ángeles Pineda, con cárteles del narcotráfico. Aquél llegó al poder apoyado por el PRD y su dirigencia de Nueva Izquierda, “Los Chuchos”; y ella, hija y hermana de capos, pretendía suceder a su esposo con el apoyo del partido al que estaba por incorporarse como consejera.

Después de aquellos hechos, se han destapado otros de más alcaldes perredistas presuntamente relacionados con el crimen organizado y dedicados, además, a desviar hacia sus cuentas, recursos públicos de los municipios que encabezan. Es el caso del presidente municipal de Soledad de Graciano Sánchez, San Luis Potosí, José Ricardo Gallardo Cardona; y del de Cherapan, Michoacán, Vicente Pacheco.

Y no es que no haya otros munícipes o funcionarios pillos procedentes de otros partidos, sino que la dirigencia del PRD no ha sido capaz de deslindarse de los suyos, lo que sólo se explica por la complicidad de la dirigencia.

Coincidieron todos estos acontecimientos con la renovación de la dirigencia nacional perredista que continuó en manos de “Los Chuchos”, esta vez con Carlos Navarrete al frente, pero la actual debacle no recae sólo en él. Responsabilidad, y mucha, tienen también el antecesor Jesús Zambrano y el verdadero poder tras el trono, Jesús Ortega.

No fueron capaces, en su momento, de leer las razones por las que Andrés Manuel López Obrador se iba del partido, y liberados de esa carga que les atormentaba, decidieron suscribir el Pacto por México con la coartada de la “izquierda moderna y dialogante”, lo que no sólo dividió al partido, sino que demeritó su carácter opositor.

No se pretende sugerir que las fuerzas políticas no deban dialogar ni tomar acuerdos. Eso, en democracia, no sólo es posible, sino deseable. Pero ninguna negociación puede ceder principios, como ocurrió con “Los Chuchos” y su partido. Los términos del Pacto por México revelaron a un PRD que dejó de ser opositor para convertirse en colaboracionista. Y con principios desdibujados, cualquier pillo pudo y puede acceder a cargos de elección popular.

A ese partido colaboracionista fue al que renunciaron AMLO, el activ0 político que más votos le ha dado al PRD; y Cuauhtémoc Cárdenas el fundador que, al dimitir, advirtió el riesgo de que el partido quedara nada más en el cascarón, en la franquicia. A “Los Chuchos”, por lo visto, es eso, la franquicia, lo que verdaderamente les interesa, pues es la que genera la “lana” que administran.

Hay razones de fondo en la crisis del PRD y aquí comentábamos, tras la renuncia de Cárdenas, que vendrían otras más temprano que tarde. El miércoles pasado anunció la suya el senador Mario Delgado, preludio de la que pronto anunciará el ex jefe de gobierno, Marcelo Ebrard.

Y en todo este contexto es donde debe analizarse el aserto de otro fundador e importante senador del PRD, Alejandro Encinas: “el partido está herido de muerte”. En un par de semanas decidirá si se va del partido del sol azteca con otro importante grupo de senadores. Lo más probable es que sí.

A ellos se sumarán otros 20 o 30 de los militantes más influyentes, estimó ayer el presidente del Senado, Luis Miguel Barbosa, quien desde hace algunos días marcó su distancia de “Los Chuchos”, ‘tribu’ a la que pertenecía, por esas mismas razones de fondo que desdibujaron a la fuerza política que en su momento congregó a la izquierda electoral del país.

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