La obsesión por el control

Mar, 08/10/2013 - 05:00

Es benéfico tener cierto grado de control sobre ti mismo, sobre los demás y sobre las condiciones de tu vida. Te ayuda a disciplinarte, cumplir con tus propósitos, mantenerte sano, educar a tus hijos y prever problemas. Sin embargo, muchas personas quieren tener control total. Esto los convierte en fanáticos de la vigilancia, el dominio y los cuidados extremos. ¿Cómo saber si eres un fanático del control? ¿Cómo puede manifestarse esta tendencia en tu vida diaria? De acuerdo con Allan E. Mallinger, psiquiatra especializado en trastornos obsesivos-compulsivos, de las siguientes formas:

Por medio del rígido control de ti mismo

Ejerces el auto-control cuando inflexiblemente haces cada una de tus actividades a la misma hora. No te permites romper las reglas que te impones, por ejemplo, nunca comer pan después de las 6 pm. Te gusta hacer todo tú mismo, pues te disgusta depender de otros, aceptar su ayuda o permitirles hacer algo por ti. Planeas tus actividades en exceso. Te resistes a dejar el control, aunque sea una sola vez, pues imaginas que no lo recuperarás nunca más. Reprimes, rechazas o minimizas tus emociones por miedo a perder el control sobre ti mismo.

A través del control de los demás

Tratas de imponer tu autoridad. Actúas como un dictador. Exiges que tus hijos o tu pareja hagan las cosas como a ti te gusta sin tomar en cuenta sus preferencias. Tiendes a pensar que sabes lo que es mejor para otros. Le dices a la gente lo que debe hacer, aunque no te pidan consejo. Insistes en tener la razón, aunque a veces no sea así, y te gusta tener la última palabra en una discusión. Cuando las cosas se salen de las manos, pones orden para evitar la confusión. Si tienes una relación, te gusta saber dónde está tu pareja todo el tiempo.

Mediante el control de las situaciones a las que te enfrentas

Te aseguras de que todo salga como lo deseas. Dedicas mucho tiempo y energía a organizar tu existencia. Tiendes a hacer listas para que no se te olvide lo que tienes que comprar o hacer. Planeas con cuidado tus vacaciones y haces tu maleta días antes de salir. Cuando ves televisión con otras personas, tú siempre manejas el control remoto. Tratas de prever todo con el fin de protegerte de la enfermedad, los accidentes, las dificultades económicas y otros imprevistos. Te enojas o te pones ansioso si alguien o algo te retrasa, por ejemplo, cuando una función no comienza a tiempo o las cosas no salen como lo habías previsto. Odias la impuntualidad ajena.

Control de lo ya vivido

Intentas cambiar el pasado, algo imposible. Les das vuelta a las cosas y te reprochas por no haber actuado de cierta forma. Te torturas cuando rompes un hábito, como una dieta, e imaginas que sucederá lo peor por haberlo hecho. Te cuesta dejar de pensar en lo que ya pasó, a veces incluso pierdes el sueño. Cuando las cosas no salen como lo esperabas, sientes mucha ansiedad y te lamentas: "Si hubiera actuado diferente" o "Debí haber anticipado eso".

¿Te reconoces en alguna de esas formas de actuar? La persona obsesionada con el control total cree que al organizar, dirigir o verificar todo tendrá una vida segura. Pero no hay garantía de seguridad. De manera constante nos encontramos con situaciones inesperadas. Estar dominado por el deseo de control total tiene un alto precio: desgaste, angustia, impotencia y decepción. En esto del control, como en muchas otras cosas, hay que tener cuidado de no caer en los excesos.

CITA:
"El hecho de controlar constantemente es un derroche de energía y comporta un alto precio emocional" RICARDO PETER, PSICOTERAPEUTA E INVESTIGADOR

DATO INTERESANTE:
Ser perfeccionista, y por lo tanto controlador, es una excusa para no realizar una tarea bajo el pretexto de "si no queda perfecto, mejor no se hace". Uno de cada dos mexicanos afirma realizar esta práctica frecuentemente. (www.cnnexpansion.com)

RECOMENDACIONES:
Mejor imposible
Director: James L. Brooks
Sinopsis: Un escritor neoyorquino padece de un trastorno obsesivo-compulsivo. Trata de controlar todo su entorno: quién le sirve la comida, dónde se sienta en el restaurante. También mantiene bajo control sus emociones y su sensibilidad, hasta que conoce a Carol, de quien se enamora.

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