El atraco no se ha consumado

Vie, 08/08/2014 - 05:00

Esta semana que concluye, el Congreso de la Unión terminó de aprobar los dictámenes de las leyes secundarias sobre la reforma constitucional en materia energética. Todo apunta a que el próximo lunes Enrique Peña Nieto las promulgue con lo que, en apariencia, la privatización de los energéticos será consumada.

Sin embargo, se trata de una simulación. Para que esta contrarreforma se concrete, primero se tiene que llevar a cabo la consulta popular sobre la materia con la cual se podría anular todo lo votado por los legisladores y todo lo promulgado por Peña Nieto al respecto.

Como todo en este sexenio, la aprobación de la llamada reforma energética es más un acto de propaganda que una muestra de efectividad política. Todo lo invertido en medios y en lobby legislativo no ha servido para mover la opinión de la ciudadanía. No hay encuesta que muestre que los mexicanos están mayoritariamente de acuerdo con la privatización.

Por eso, la Consulta Popular que promueve Morena y Andrés Manuel López Obrador es un medio efectivo para echar atrás la intentona privatizadora. Al momento se han recaudado ya más de un millón 250 mil firmas. El requisito de contar con el apoyo de el equivalente al 2 por ciento de los afiliados al padrón electoral se cumplirá sin ninguna duda.

Otro requisito es que la pregunta que se pretenda hacer a la ciudadanía no toque temas presupuestales, de seguridad nacional, electorales, el funcionamiento de las fuerzas armadas o que violen los derechos humanos. La pregunta que promueve Morena cumple con las condiciones que impone la ley.

La estrategia que ha seguido López Obrador para conseguir que se le pregunte a la gente sobre la privatización del petróleo es la más adecuada y no encontrará ningún obstáculo legal. Dicho sea de paso, también brinda la certeza a la ciudadanía de que su voluntad manifiesta en una firma no será usada como moneda de cambio ni estará sujeta a ninguna negociación.

Por eso, en este momento, la estrategia de Peña Nieto se enfoca en crear desánimo y resignación ante “hechos consumados” para que la gente no firme, para que no se interese, para que deje hacer y pasar este hecho que significa renunciar al futuro del país.

No debemos dejarnos engañar. En el tema de la reforma energética la última palabra será de la gente. Por eso hay que abrirle las puertas a los Promotores de la Soberanía Nacional y firmar con todas nuestras ganas.

 
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