Debate, no desinformación

Jue, 07/11/2013 - 05:00

REFORMA. En un sistema democrático hay consecuencias que muchos no han logrado asumir: se gana o se pierde en las urnas; se gana con propuestas, ideas y un proyecto de nación, no con descalificaciones, mentiras o daños malintencionados. Con ese ánimo, el Congreso de la Unión aprobó la semana pasada la reforma hacendaria propuesta por el presidente Enrique Peña Nieto.

El presidente Peña fue claro al señalar, en la XI Cumbre de Negocios, que este gobierno llegó “…para hacer transformación y para hacer un ajuste y un cambio. No a administrar la inercia… Quisimos, dentro de la institucionalidad y con orden, impulsar ajustes y cambios, y es lo que hemos venido haciendo”.

Estoy consciente de que México necesitaba una reforma hacendaria que asegurara ingresos estables y permanentes para satisfacer las demandas del país y con ese ánimo tomé una decisión de Estado. Mirando más allá de intereses personales o mezquinos, vi por el futuro de toda una generación. En este espacio hemos hablado de la necesidad de transformar al país; la transformación no puede esperar. Si queremos mejorar el nivel de vida o el sistema educativo, por mencionar dos rubros en donde tenemos mucho por hacer, debemos redoblar esfuerzos y debatir en la arena de las ideas, no de la mentira.

Yo no busco reconocimiento mediático ni fama fugaz; por lo que he luchado toda mi vida, y lo seguiré haciendo en cualquier trinchera en donde esté, es por mejorar las condiciones en la que viven miles de mexicanos. La decisión de aprobar la reforma va en sintonía con mi convicción, lograr el progreso de nuestro país, y por supuesto al lugar donde nací. Jamás he dejado de hacer lo posible para transformar a Chihuahua, lo cual no ha sido sencillo.

DESINFORMACIÓN. Después de un año significado por los acuerdos alcanzados en el país, restan todavía algunos temas importantes y susceptibles de ser legislados, como el energético y las reformas en el sistema político-electoral.

Pero pareciera que la etapa de polarización no ha quedado atrás y se descalifica sin informar las bondades de la reforma: no he escuchado que nadie me reclame sobre el seguro de desempleo para cualquier trabajador formal ni me han recriminado por disminuir las cuotas de los trabajadores de menores ingresos al IMSS. Tampoco me han descalificado por votar a favor de una pensión universal que busca proteger a cualquier adulto mayor a 65 años, ni mucho menos me reprochan por los estímulos para que las empresas contraten a trabajadores de más de 65 años. En eso también voté a favor. De eso y mucho más no se ha dicho nada.

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