Niños migrantes: morir o morir

Lun, 07/07/2014 - 05:00

Una crisis humanitaria es, de acuerdo con la ONU, una situación de emergencia en la que se prevén necesidades masivas de ayuda superiores a las que podrían ser habituales y que desemboca en una catástrofe si esa ayuda no se suministra suficiente, eficaz y diligentemente.

En esta definición caben perfectamente dos cosas: el creciente flujo de niños que intentan solos ingresar a Estados Unidos para reunirse con familiares, en particular; y todo el fenómeno de la migración, en general.

El problema ha puesto en jaque al gobierno de Barack Obama, que los detiene y recluye en centros migratorios ya insuficientes, para después deportarlos a sus países de origen, de los que esos menores han huido por falta de seguridad y de oportunidades.

No sé si por falta de rigor o por una intención deliberada de manejo informativo, se enfatiza que se trata, sobre todo, de menores de edad procedentes de Centroamérica, mientras que se soslaya que muchos son mexicanos.

Una cifra confiable que dimensiona el tamaño de la cantidad de niños que intentan cruzar solos la frontera, la aporta el Colegio de la Frontera Norte: 46 mil 188 menores que solos intentaron buscar a sus padres o familiares en Estados Unidos han sido detenidos por la Patrulla Fronteriza en lo que va de este año.

El mayor número son hondureños, 13 mil 282, pero sigue México con 11 mil 577. Después están Guatemala con 11 mil 479 y El Salvador con nueve mil 850. Hablamos pues de niños migrantes detenidos, encarcelados y en proceso de expulsión.

Y mire usted cómo ha crecido anualmente el número de niños y jóvenes centroamericanos deportados: en 2009 fueron tres mil 304; en 2010, cuatro mil 444; en 2011, tres mil 933; en 2012, diez mil 146; en 2013, 20 mil 805; y en lo que va de 2014, 46 mil 188.

De manera que el total de los menores no acompañados equivale a 45% de las deportaciones de menores hechas durante los últimos cinco años.

Otro dato: los menores centroamericanos no acompañados detenidos por la Patrulla Fronteriza en 2013-2014 supera los 55 mil. De Honduras han migrado en dicho periodo 20 mil 29 de esos niños; de El Salvador, 15 mil 840, y de Guatemala, 19 mil 547.

Todos estos datos son producto del monitoreo que realiza el Observatorio de Legislación y Política Migratoria del Colegio de la Frontera Norte que preside el doctor Tonatiuh Guillén y corrobora el carácter humanitario de esta crisis.

Con la negativa definitiva de los republicanos a avalar la reforma migratoria del presidente Barack Obama y su decisión de llevarla a cabo de facto, mediante decretos, el gobierno de Washington, a través de la agencia de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), ha tenido que reconocer la situación de crisis y declarar un nivel de alerta y contingencia nivel cuatro, el más alto para el Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos.

Por ley, los menores deben ser enviados antes de que se cumplan 72 horas de la detención, a la Oficina de Refugiados de Estados Unidos. Pero ya no se dan abasto. Es tal el flujo migratorio de los niños, que han trasladado a grupos a instalaciones improvisadas en Texas y Arizona.

Eso atiza la urgencia de la deportación, premura que empuja a que la devolución de los menores se haga a territorio mexicano donde los niños no sólo quedan expuestos a las inclemencias de la región, sino también a la trata, a la explotación sexual y al reclutamiento a los cárteles del crimen organizado.

Los niños salen de sus países para no morir, pero la vida es lo primero que exponen al intentar llegar a reunirse a Estados Unidos con los suyos.

Morir o morir, ese es el dilema.

 
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