Hay más pobres y los ricos tienen más

México se ha convertido en una fábrica de pobres. Así lo señalan los más recientes estudios del Banco Mundial y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Este escandaloso incremento de la pobreza en el país es el resultado de la suma de las reformas estructurales impulsadas por Salinas y Zedillo, de las políticas negativas emprendidas por los dos gobiernos panistas, así como de las aprobadas en este sexenio, particularmente las reformas laboral y hacendaria.

Un país que se hunde en la pobreza requiere urgentemente de la generación de fuentes de empleos. Sin embargo, las políticas laborales aprobadas por esta legislatura más que fomentar la creación de puestos de trabajo han alentado el desempleo, ya que nada más en las principales empresas han sido despedidos 200 mil trabajadores.

Por otra parte, el incremento de impuestos avalado en diciembre pasado por diputados y senadores sólo ha despojado de sus ingresos a una franja muy amplia de las clases medias y trabajadoras, lo que redunda en una baja de los niveles de consumo y, por ende, no sólo aleja la posibilidad de abrir nuevos espacios laborales sino que pone en riesgo los que hoy existen.

Por eso, aunque previsible, el proceso de empobrecimiento y polarización social que se está dando al inicio de este sexenio resulta escandaloso. Las cifras del Banco Mundial ilustran muy bien los malos resultados de las políticas que han seguido los últimos seis gobiernos: hace 10 años la pobreza en el continente se concentraba en Sudamérica. Hoy la mayoría de los pobres, 41%, está en México y Centroamérica.

Se trata de un dato alarmante porque la economía mexicana es mucho más grande que la de los países de Centroamérica y, sin embargo, sus niveles de pobreza son muy similares cuando la relación de similitud que debería guardar México es con Brasil o Argentina, que son países que tienen un desarrollo económico parecido al nuestro.

Sin embargo, esto no es posible debido a que la pobreza en México crece con un ritmo mayor que la economía, entre otras cosas porque los salarios no sólo no aumentan sino que se devalúan y pierden su poder real de compra.

Así lo señala el diagnóstico de la OCDE, en donde se informa que el ingreso de las familias de México tuvo en los últimos años la mayor caída entre los países que integran el organismo.

El actual escenario de la economía nacional se complementa con la lista de los hombres más ricos del mundo de la revista Forbes, que revela que 18 magnates de México han incrementado sus ganancias, ya que el monto total de su fortuna pasó de 148.5 a 258 mil millones de dólares.

Estos contrastes tienen que ver con el proceso de corrupción y despojo generados por la aplicación de políticas neoliberales en nuestro país, ya que, por ejemplo, la fortuna de Bill Gates, el más rico del mundo según Forbes, está fincada en la creatividad. En cambio, la bonanza de los más ricos de México tiene su base en los proceso de privatización y en los privilegios fiscales que hacen que en nuestro país paguen más impuestos quienes menos tienen.

Por eso, para remontar la alarmante situación económica por la que atravesamos, es necesario dejar atrás las políticas económicas que nos han regido durante las últimas décadas, pero también se debe extirpar la corrupción. No se trata, como lo hace Peña Nieto, de perseguir a los corruptos del PAN y brindar impunidad a los corruptos del PRI, sino de eliminar la deshonestidad en cualquiera que ejerza una responsabilidad pública sin importar la cercanía que tenga con quien ejerza el poder.

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