Una mirada fugaz

Vie, 06/12/2013 - 05:00

Jueves al mediodía. Luego de una semana sin usarla, La Rubelia pone “peros” para arrancar, pero después de “explicarle” que La Osa andaba de vacaciones, comprende y ¡¡¡vámonos!!!

Lateral del Periférico al sur del DF. Es la salida de las escuelas y del acelere total. Las señoras en sus camionetotas se sienten dueñas de la calle y con el poder de estacionarse hasta en triple fila para esperar a sus tesoritos. Con las motos tenemos que sortear sus irresponsabilidades.

Avenida Revolución. Semáforo en rojo, nos detenemos. Sorpresa, al lado hay un motociclista con su impresionante HD. Lo veo de arriba a abajo, la máquina es preciosa, de gran turismo pero, lástima, el conductor no trae casco y va escuchando a todo volumen en su radio integrado Bella, de Mijares... sin comentarios. Insurgentes y Mixcoac. Un limpiaparabrisas se apura a quitar el jabón del vidrio de un auto, pero la luz del semáforo cambia a verde y empieza el escándalo de los cláxones: “tutu tutu tuuuuu”. Termina y la camioneta que estaba delante de nosotras se le acerca tanto que creo que lo va a atropellar... Ufff... ¡Qué furia!

Revolución y San Antonio. Unas cuatro motos nos arrancamos rodeando a los coches atorados, pues hay uno descompuesto y el policía de tránsito no sabe qué hacer. Sí, es una de las muchas ventajas de andar en dos ruedas.

Entrada a la colonia Condesa, sobre Benjamín Franklin. Parece que todo el mundo trae prisa y ejerce el arte chilango del agandalle; no importan los peatones cruzando la calle, un hombre en su auto de lujo se pasa el alto impunemente, un joven se da una vuelta prohibida sin direccionales. Aquí las leyes son para violarse.

Mariano Escobedo al cruce con Masaryk. Un mensajero en moto me pasa al ladito a toda velocidad y tres metros adelante tiene la fortuna de que los frenos le reaccionen antes de estamparse con el remolque de un camión estacionado sin luces preventivas.

Una glorieta de Polanco. Después del acelere que me recuerda que regresé al DF, busco un lugar para estacionar a mi Rubelia. Sé que en esa zona llena de parquímetros hay cajones gratuitos para dejarla, pero no tengo suerte y la estaciono en una esquina. Le ruego al Dios de los motociclistas no encontrarla con el candado de la policía de tránsito.

Esta es sólo una mirada fugaz de lo que a diario se puede ver circulando en esta ciudad sobre una motocicleta. Díganme si se les suena familiar o no. Y ojo, prepárense que para la temporada navideña se va a poner ¡¡¡¡peoorrr!!!!

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