Más del crimen de Narvarte

Mié, 05/08/2015 - 05:00

Ahora resulta que al reportero gráfico Rubén Espinosa Becerril lo mataron por andar de fiestero con unos cuates ladrones y asesinos de mujeres. Porque así, en palabras llanas, esa es la línea argumentativa que algunos medios de comunicación han atribuido a las autoridades sobre el homicidio múltiple ocurrido el viernes 31 de julio pasado en la colonia Narvarte de la Ciudad de México.

Aferrarse en sostener esa hipótesis es tan estúpido como aceptar, a pie juntillas, que Espinosa fue ejecutado por sicarios enviados desde Veracruz para acallar el trabajo periodístico, abiertamente crítico al poder estatal, del mal logrado fotoperiodista.

Dudar siempre del poder es una guía elemental del ejercicio periodístico. Esto no quiere decir cerrarse, irracionalmente, a argumentos que, bien sustentados, logren avalar las decisiones de ese poder.

Ocurre, sin embargo, que es normalmente desde el poder (sea político o económico), de donde vienen los grandes abusos y atropellos. Por eso la duda es una herramienta importantísima para intentar la comprensión de los hechos de poder. Y es precisamente en este razonamiento de donde se sujetan prestigiadas herramientas jurídicas como el amparo, concebido para defenderse de los abusos de la autoridad.

Si a esta argumentación conceptual añadimos, en el caso del homicidio del fotoperiodista, su crítico desempeño en Veracruz y las denuncias públicas de hostigamiento y amenazas por su trabajo, así como el de su amiga la activista Nadia Vega, sería un grave error del ministerio público no agotar esa línea de investigación, sin cerrarse, por supuesto, a otras sugeridas por las evidencias encontradas en la escena del crimen y aportadas, hasta donde se sabe, por dos testigos.

No han faltado voces que consideran un despropósito que sicarios al servicio del poder en Veracruz, hayan llegado a ejecutar su encomienda a ese domicilio de clase media de la Narvarte, para llevarse de paso a una activista igualmente crítica y a otras tres mujeres que, aparentemente, nada tendrían que ver con el trabajo de Rubén y Nadia.

Y puede ser que tengan razón, pero no deben olvidar encomiendas criminales que se han cumplido así, directamente, en la casa de la víctima, como ocurrió, por sólo citar una caso y con toda proporción guardada, con el líder bolchevique soviético León Trotsky, el 21 de agosto de 1940 en su casa de Coyoacán.

Con más evidencia en su poder, la PGJDF ha aclarado, por lo pronto, que nunca estableció como hipótesis la de un robo, que no se ha pretendido criminalizar a las víctimas con filtraciones informativas que refirieron una fiesta, convivencia con los presuntos criminales y la presencia de una colombiana, nacionalidad que prejuiciosamente normalmente se asocia con el crimen organizado; y que lo que se investiga, finalmente, es el homicidio de cinco personas.

La evidencia, sin embargo, va configurando otros posibles móviles. Así, por ejemplo, la PGJDF (más presionada que convencida tras una filtración en la víspera a un medio de comunicación), distribuyó un video de las cámaras de seguridad de la ciudad que captó la salida, poco después de las tres de la tarde del viernes 31 de julio, de los tres presuntos asesinos.

Uno de ellos arrastra una maleta negra que se alcanza a ver pesada y que los investigadores relacionan con el desorden que dejó en el departamento el robo de supuestos objetos valiosos, droga o dinero. Otro desaparece por la acera de enfrente y el tercero aborda y se va en el ahora famoso Mustang rojo del que se conocen fotografías estacionado sobre la calle Luz Saviñón del 27 al 31 de julio, día del homicidio múltiple.

Testigos refieren que el vehículo era de una de las mujeres que habitaban en el departamento 401, una joven colombiana de 29 años de la que sólo se sabe que se llamaba Nicole o Simone. Pero en el registro de control de vehículos capitalino aparece a nombre de Sergio Cervantes Conde. Según informaron las autoridades locales la unidad fue vendida por el hombre desde hace más de año y medio.

La colombiana, así, se ha convertido en pieza clave. El procurador Ríos Garza incluso se refirió a ella ayer como alguien que “tenía en su posesión dinero”.

Si las cámaras de la ciudad captaron la salida de los presuntos criminales, seguramente deben haber grabado su ingreso al edificio de departamentos. Que no se haya mostrado esa evidencia, debe entenderse no como un ocultamiento, sino como una señal de que se está ante una investigación muy delicada.

@RaulRodriguezC

 
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