Maestros, protestas y ceses masivos

Vie, 05/04/2013 - 01:00

Se advertía en la columna anterior que las protestas de maestros disidentes contra la reforma educativa, acaso planteaban el mayor reto político y de gobernabilidad que haya enfrentado hasta ahora el presidente Enrique Peña Nieto; y que tal desafío alcanzaba a los secretarios de Educación, Emilio Chuayffet; de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong; a los gobernadores de Guerrero, Ángel Aguirre, y de Oaxaca, Gabino Cué, lugares donde es más visible la protesta de la CNTE y secciones del SNTE.

El reto alcanzó ayer al jefe de gobierno del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera, con el traslado a la capital del país de la movilización de profesores guerrerenses y oaxaqueños, y el caos vial que marchas y cortes de circulación empezaron a provocar desde ya en la de por sí complicada vida de la ciudad de México.

Las respuestas a la protesta magisterial empezaron a darse el martes pasado desde el más alto nivel de la autoridad. El presidente Peña Nieto advirtió que su gobierno no va a permitir retrocesos en la reforma educativa y que ninguna presión pondrá en riesgo, dijo, la formación y el desarrollo de las nuevas generaciones.

Y lo asiste el hecho de que (se esté o no de acuerdo con las razones de la protesta magisterial), la reforma educativa es ya letra vigente desde la Constitución, lo que obliga a todos a su acatamiento y cierra cualquier posibilidad de que se ajuste a intereses específicos de estado o región, esto es, a la “tropicalización” a la que torpemente se refirió el gobernador oaxqueño Gabino Cué.

El rechazo original a los planteamientos de la hoy vigente reforma educativa debió procesarse desde abajo, desde las bases gremiales altamente politizadas, antes de que, como ocurrió, se planchara mediante un acuerdo partidista cupular como es el Pacto por México. Y la situación, como está ahora, reduce todo a dos opciones: al acatamiento o el castigo a quien no acate.

Es ahí en donde entra la otra parte de la respuesta que dio el gobierno federal a los maestros de Oaxaca y Guerrero a través del secretario de Educación, Emilio Chuayffet:

“... ¿Qué pasa si usted no va a trabajar? Se le descuenta el día. ¿Y qué pasa si durante varios días usted no asiste injustificadamente a trabajar? Se da por terminada la relación laboral”.

Más claro ni el agua: a los maestros faltistas (por marchas y plantones) la SEP les descontará los días que no trabajen y, de ser el caso, los cesará si son muchos los días de ausencia injustificada. Chuayffet trató después de matizar la declaración al decir: “Tenemos la doble alternativa del diálogo o la aplicación de la ley”.

Pero el camino del diálogo está roto en las instancias estatales. Por eso los maestros de Guerrero y Oaxaca trasladaron su protesta al DF. Aunque ¿podría haber diálogo aquí, cuando los maestros han sido amenazados de ceses masivos? Y, en ese contexto, ¿la fuerza pública de la capital evitará bloqueos y desquiciamientos provocados por la movilización de los maestros?

La mano dura federal, estatal y capitalina seguramente sería bien vista por amplios sectores de la población, pero de esa u otra manera, la disidencia magisterial difícilmente se quedará de brazos cruzados. La situación, por lo tanto, está en un punto muy riesgoso y complicado. Podría salirse de control y no dejar más camino que el de la represión y la protesta social retroaliméntandose mutuamente.

Instantánea

1. SICARIOS. La PGR informó ayer que una investigación de inteligencia del Cisen le permitió desarticular en la ciudad de México “a un grupo de sicarios que pretendían atentar contra la vida del senador del PT, David Monreal y del diputado del Partido Movimiento Ciudadano, Ricardo Monreal, ex coordinador de la campaña presidencial de Andrés Manuel López Obrador. En sus primeras declaraciones, los detenidos confesaron haber venido a la ciudad de México a cometer el atentado. La PGR no dio detalles del número de detenidos, del lugar donde los capturaron y de dónde procedían. Lo que esta columna pudo indagar es que fueron dos los detenidos y que su captura ocurrió en el Hotel Prim (Versalles 46 esquina con General Prim, colonia Juárez), en un operativo que empezó poco antes de la medianoche del miércoles pasado. Dos son las preguntas a deslindar: ¿quién y por qué contrató a estos sicarios para matar a los hermanos Monreal? ([email protected] @RaulRodriguezC).

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