Estado de Derecho: compromiso de todos

Jue, 04/12/2014 - 05:00

El pasado 27 de noviembre el presidente Enrique Peña Nieto se dirigió a los ciudadanos para anunciar diez medidas que impulsen el trabajo a favor del Estado de Derecho, tanto por parte del Poder Ejecutivo como del Poder Legislativo.

La octava medida fue relativa al fortalecimiento de los instrumentos para proteger los derechos humanos, entre ellos, un sistema de indicadores consensuados entre la Comisión Nacional de los Derechos Humanos y las organizaciones de la sociedad, lo cual nos permitirá dar seguimiento a su progresividad o identificar las áreas de oportunidad.

Como es lógico y deseable en un régimen democrático, se manifestaron expresiones a favor y en contra de estas medidas, todas legítimas, aunque no todas propositivas, pero convergentes en un punto, el pleno respeto al Estado de Derecho. Precisamente, en este aspecto convoco a reflexionar sobre lo siguiente.

¿Cómo pretendemos vivir en la legalidad si no tenemos disposición para obedecer la ley, tampoco para atender las reglas mínimas dispuestas en la escuela, en la oficina y en la calle?

No existe ley perfecta y tampoco la cantidad correcta de leyes para garantizar una sociedad en paz. Nuestro orden jurídico nacional está saturado de normas porque obedecen, ciertamente, a nuestra realidad sociológica, pero también porque la desconfianza nos acosa permanentemente. Si desde nuestro ámbito local, por pequeño que parezca, cambiamos de actitud frente al respeto por los demás y por la ley, avanzaremos mucho más rápido que abandonando la responsabilidad a los gobernantes. Finalmente, todos queremos vivir en una comunidad atenta a la dignidad humana donde los sueños de cada uno de sus integrantes sean posibles.

Así como en el Derecho no existe norma sin coacción, en la Democracia no existe orden sin ciudadanos comprometidos. El Poder Legislativo puede expedir nuevas leyes de carácter obligatorio, permisivo, prohibitivo o facultativo, pero si no van acompañadas de la voluntad ciudadana a cumplirlas, difícilmente habrá efectividad de estas.

Para lograr las conductas deseadas en nuestro querido México es fundamental que todos estemos dispuestos a cumplir la ley; renovemos nuestro compromiso con la democracia, reinventémosla si es el caso, porque tenemos cimientos institucionales muy fuertes que nos permiten revisar lo que hemos hecho bien o no. Como expone acertadamente Isidro Cisneros en su más reciente texto, la justicia es un valor progresista y como la libertad tiene en el lenguaje político un significado positivo, hagamos de ella la bandera de todos, construyamos ciudadanía juntos, desde los diversos ámbitos, tal vez esta sea la oportunidad histórica para revisar lo que llama el doctor Cisneros “democracia líquida” esa forma de participación directa y en tiempo real de los ciudadanos con sus representantes, a través de medios digitales, en el que juntos edificamos una mejor nación.

*Senadora de la República
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