¿A dónde nos lleva la reforma fiscal?

Lun, 04/11/2013 - 05:00

La reforma hacendaria quedó finalmente aprobada la semana pasada. ¿Estamos realmente ante una verdadera transformación de la hacienda pública que dará sustento al crecimiento económico y a la redistribución de la riqueza? No, es la respuesta de la mayoría de los analistas, empresarios y líderes sociales a los que este reportero hizo la pregunta. Y así lo ponen en perspectiva:

Se vislumbraban tres escenarios antes de la aprobación de la reforma:

1. Que se aprobara tal como la propuso el secretario de Hacienda, Luis Videgaray, a pesar de las protestas y reclamos de partidos y sectores, y aunque eso aumentara el costo político para Enrique Peña Nieto, quien incluso dijo estar dispuesto a gastar en ello todo su capital político. La ventaja de este escenario era que conservaría el sentido integral con que se elaboró y el objetivo final del que tanta alharaca se hizo: la redistribución social del ingreso.

2. Que se aprobara limando sus aristas más filosas: el IVA a colegiaturas, a las rentas y a las hipotecas, una tasa mayor del ISR a segmentos más amplios de los que más ganan y una mayor reducción del plazo para diferir el pago de impuestos de los grandes corporativos, supliéndolas con otros gravámenes que harían de la reforma más una miscelánea fiscal recaudatoria (privada ya de su sentido integral original), que probablemente haría crecer la economía del país pero no en todo su potencial que algunos analistas calculan superior a 6%, lo que pondría en entredicho el sentido original de la reforma. Este escenario daría gusto a algunos de los críticos de la propuesta pero no a todos, lo que seguramente disminuiría el costo político para el Presidente.

3. Que la iniciativa regresara al seno del Pacto por México para replantearla, junto con la reforma energética, de la que va de la mano puesto que uno de sus planteamientos es reducir la carga fiscal a Pemex, que durante los últimos años es la que más ingresos genera al gobierno y que se pretende suplir con una mayor recaudación de todos los contribuyentes. Quizás a partir de ese consenso (aunque cupular) saldrían propuestas coherentes, que logren que el país crezca a cien por ciento de su potencial y que no dividan a los mexicanos.

Se eligió el segundo de los escenarios, quizás el peor. Los críticos más pesimistas advierten que sus consecuencias van a ser desastrosas para el país, para el modelo neoliberal y para Peña Nieto, aunque él insista en que sí estamos ante una reforma hacendaria que dará mayores herramientas de inversión al Estado, que hará crecer al país y que, de ninguna manera, es producto de una obsesión o capricho.

Hay grupos privilegiados que desde hace 25 años se enriquecen obscenamente con el modelo neoliberal y sus gobiernos. Su argumento es que primero hay que acumular la riqueza en la punta de la pirámide para que desborde y escurra después hasta la base. Esos gobiernos les dieron todas las facilidades (incluidas las fiscales) en congruencia con ese objetivo. La riqueza se creó y acumuló pero ahí se quedó, ni desbordó ni escurrió.

Ya era hora de que a esos grupos les tocara contribuir con las necesidades del país. Y la propuesta original de reforma hacendaria los tocaba un poco más que de costumbre, pero al final de la discusión se suavizó lo que los tocaba: los gravámenes a los rendimientos en la Bolsa, el aumento del ISR a 32% sólo a los que ganan más de 750 mil pesos al año, el aumento de 47 a 53% de la prestaciones que las empresas otorgan a sus trabajadores o plazos más flexibles para el diferimiento del pago de impuestos dentro de la consolidación fiscal.

Para cubrir lo que por esos conceptos ya no se va a recaudar se aumentó de 5 a 8% el impuesto a productos de alta densidad calórica, se aplicará un impuesto a alimentos de mascotas pero sobre todo, se aumentó el techo del endeudamiento.

Y aunque, como le decía, se suavizaron los efectos que la miscelánea fiscal tendrá sobre los privilegiados de siempre, éstos siguen enojados con lo que queda, como el IVA homologado en la frontera, o como los gravámenes a la minería, o los impuestos a refrescos y alimentos chatarra, cuyos productores amenazan desde ya con retirar millonarias inversiones y despedir empleados. Y el PAN que les sirve y siempre ha servido, ha anunciado su decisión de organizar la promoción de amparos contra la miscelánea fiscal.

El tono de la recriminación pone en entredicho lo que parecía una jugada política magistral de Peña Nieto: aprobar con el PRD la reforma hacendaria y con el PAN la energética. Pero el cuadro ya se le descompuso: los términos de la aprobación dejó más divididos a perredistas y panistas. Pronto veremos si estas divisiones afectan los acuerdos en el procesamiento de las reformas política y energética.

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