La temida marcha

Mié, 04/09/2013 - 05:00

Hoy se sabrá si la protesta de la CNTE entró ya en un proceso de disolución o inició otra fase en la que se potenciará al sumarse a manifestaciones de rechazo a las reformas energética y fiscal que han anunciado organizaciones políticas y sociales. Las horas más recientes de la protesta magisterial revelan que algo ocurrió a partir de que sus principales dirigentes supieron que una buena parte de sus demandas fueron incluidas en el dictamen de Ley General del Servicio Profesional Docente ya aprobado por los diputados y a punto de aprobarse por el Senado al momento de redactarse esta columna.

Una principalísima demanda, parte de las casi 80 que incluyó un adéndum al dictamen, matizó de alguna manera los términos de los procesos de evaluación y los alineó con definiciones claras de respeto a conquistas laborales. Es la que establece que los maestros que ya disponen de una plaza serán evaluados periódicamente hasta en tres oportunidades y si no obtienen resultados aprobatorios serán transferidos a actividades administrativas en lugar de que se les rescinda el contrato, como originalmente se proponía.

Fuentes cercanas a lo que fueron las negociaciones con legisladores y las que no se han suspendido en la Secretaría de Gobernación, aseguran que ese matiz resultó satisfactorio para los líderes de la Coordinadora y que, en privado, lo aceptaron, aunque dijeron que no lo aceptarían públicamente.

Esa aceptación en privado acaso haya sido la razón por la que la protesta de ellos, los disidentes, no fue lo que se esperaba el 1 de septiembre. Ese día entre la CNTE había posiciones encontradas. Tan es así que originalmente habían dicho que no irían al amurallado palacio legislativo de San Lázaro para evitar provocaciones de infiltrados. Ya iban hacia Los Pinos cuando decidieron volver sobre sus pasos y se encaminaron a la Cámara de Diputados. Pero al llegar a la frontera que marcaban las vallas metálicas de la policía regresaron pacíficamente a su campamento del Zócalo.

No fueron ellos, por lo tanto, quienes generaron los enfrentamientos que se suscitaron mientras se instalaba la sesión de Congreso General para recibir el I Informe de Enrique Peña. Lo que sí los tomó por sorpresa es que los diputados convocaran esa misma noche del domingo a la sesión en que se aprobó la evaluación magisterial con algunos agregados de sus demandas. Eso agudizó la división entre los que se mostraban conformes con lo logrado y los que insistían en radicalizar la posición.

Lo cierto es que el lunes 2 permanecieron en el Zócalo mientras Peña Nieto leía en Los Pinos un mensaje con motivo de su I Informe de gobierno y ese mismo día, según datos del GDF, la mayoría de los casi 20 mil maestros que estaban congregados en la capital del país ya se habían retirado. Sólo quedaron 8 mil, acaso los más radicales, los de la sección 22 de Oaxaca. Fueron ellos los que ayer bloquearon los accesos al Senado —mientras se discutía la polémica ley evaluadora— y cerraron por horas largos tramos de Reforma e Insurgentes. Y son ellos los que han anunciado que la protesta entra a una nueva etapa en la que se declaran en insurgencia y emprenden diversas acciones de desobediencia civil.

Hoy mostrarán si están o no en esa fase porque hoy es el día en el que convocaron a una gran marcha en la que también se prevé que participarán el SME y el movimiento #YoSoy132. Por lo tanto, hoy se sabrá si están con la fuerza y el ánimo de seguir aquí para sumarse el domingo a la concentración convocada en defensa del petróleo por López Obrador y su Morena. Y más aún, si seguirán aquí para obstaculizar la noche de El Grito (que se asegura que Peña Nieto daría en Guanajuato) y el desfile militar del 16 de septiembre.

Pero los negociadores de Gobernación están en evitarlo, trabajando a marchas forzadas y sin que se sepa con toda claridad qué tanto han cedido o cederán autoridades y maestros. Y como parte de esa negociación, ayer estuvo en esos encuentros el gobernador oaxaqueño, Gabino Cué, quien decidió congelarle el pago a los maestros paristas (lo que hace suponer que sus recursos ya no les permiten resistir tanto tiempo), pero a quien ambas partes le exigen soluciones. Así que habrá que esperar cómo transcurre la gran marcha de hoy.

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