Calando al Presidente

Jue, 04/04/2013 - 00:00

En mi columna del 27 de septiembre del año pasado les conté la anécdota que Enrique Krauze narra en su libro La presidencia imperial. Cuando el sindicato petrolero le quiso complicar los inicios del gobierno al presidente Miguel Alemán.

Aquella ocasión se los platiqué a propósito de las iniciativas preferentes de reforma laboral que Felipe Calderón envió al Congreso, ya de salida de su administración.

Desde entonces, la sorpresas agradables se han sucedido unas con otras; no solamente prosperó dicha reforma, sino que a los pocos meses se demostró que uno de los poderes fácticos que más alarde hizo de sus alcances, era tan sólo un espejismo de vanidad y soberbia.

Y así, México sigue emprendiendo las reformas que incluso la prensa internacional especializada considera como grandes logros que auguran para México un mejor futuro.

Son el resultado del nuevo modelo de ejercicio del poder público, un modelo presidencialista sí, porque tal es el mandato constitucional, pero donde el cumplimiento de la Carta Magna no se agota en las facultades, sino que considera también las obligaciones de los sistemas democráticos modernos.

NO HAY MARCHA ATRÁS. Lo dijo antes de Semana Santa el secretario Osorio Chong, en referencia a la reforma educativa, y ayer lo ratificó el presidente Enrique Peña Nieto: “El gobierno de la República no va a permitir retrocesos en su aplicación. Ningún intento de presión podrá o pondrá en riesgo la formación y desarrollo de las nuevas generaciones”.

Más claro ni el agua, el desarrollo del capital más valioso con que cuenta México, su capital humano, no está sujeto a presiones de intereses muy particulares, como el de ciertos sectores del magisterio que enarbolan argumentos como la diversidad étnica y cultural para “tropicalizar” la reforma educativa. Como si para las etnias de Oaxaca y de Guerrero enseñar y aprender que cinco por cuatro no fueran veinte, como la humanidad entera lo sabe aquí y en China desde que el mundo es mundo.

Desde el 1 de diciembre en que rindió su protesta ante el Congreso de la Unión, hay quienes se han atrevido a calar al Presidente. Sin duda le apuestan a que una respuesta represiva les legitime ante los ciudadanos; parecen no darse cuenta que los padres de familia llevan a sus hijos a la escuela, no a una guardería. Y que en las escuelas se va a aprender de los que saben; suena romántico, pero no hace mucho tiempo una de las aspiraciones de los niños de primaria era estudiar para ser policía, bombero o maestro.

Llenos de admiración, cuando fuimos alumnos en la primaria, competíamos por quién de nosotros tenía el profesor o profesora más guapos y más sabios. Hoy le pregunto a una sobrina y ni siquiera me puede decir el nombre completo de su maestra; ya no es aspiracional ser docente y esto no deja para mí de ser una lástima.

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