Los "revienta marchas" y la cena en Los Pinos

La noche del lunes, igual que en todas las manifestaciones que han tenido lugar durante los últimos dos meses en el DF y las principales ciudades del país, volvieron a aparecer los provocadores violentos que en realidad son los “revienta marchas”.

Su objetivo es crear caos y causar daños en propiedad ajena, para desalentar así a quienes de buena fe, y con objetivos muy claros y pacíficos, se han movilizado para expresar su hartazgo por el actual estado de cosas. De esos “revienta marchas” hay que alejarse sin que, necesariamente, esto implique abandonar la movilización. Son claramente identificables por su apariencia y actitud. Normalmente no se les detiene a ellos, sino a quienes están cerca, sin ser parte de ellos, porque vengan de donde vengan, en este momento es lo de menos, cumplen el objetivo pretendido: crear caos, desalentar a la opinión pública y desmovilizar la protesta.

Los hay quienes están convencidos de que la violencia es el único recurso para protestar, ser oído y cambiar al país. Entre éstos están los maestros de la Coordinadora en Guerrero y los de la sección 22 del SNTE en Oaxaca, sin que oculten ya los hilos que los conectan con las organizaciones guerrilleras que operan en ambos estados, con estrategia y táctica sobreideologizadas.

También cabrían ahí los llamados “anarcos”, que sabrá Dios si han estudiado a fondo el anarquismo, pero que llevan su posición a extremos tales que hasta cuestionan y reniegan de sus propias organizaciones. El corazón y refugio de estos grupos se ha mantenido durante los últimos años en el auditorio “Che Guevara”, antes “Justo Sierra”, de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. De hecho, ahí viven y obtienen recursos de la venta, en el campus universitario, de todo tipo de chucherías, alimentos, música y videos ‘pirata’ y, muy probablemente, drogas. Se amparan en la deformada interpretación de la autonomía universitaria como extraterritorialidad.

A estos “anarcos” suelen unírseles en las manifestaciones otras ‘tribus’ urbanas como: “darketos”, “skatos”, “skates”, lo que queda de los “emos” y los más recientes “chacas”.

Las prácticas destructivas de estos grupos abren el espacio para que en ellos se infiltren y encubran grupos de choque, los más efectivos revienta marchas. Esos grupos de choque normalmente han sido patrocinados por el gobierno (no se olvide el “Batallón Olimpia” en 1968 y los “halcones” en 1971). Aunque no debe descartarse que pudieran ser patrocinados por otros grupos de interés político-económico o hasta por la delincuencia organizada.

Quienes de buena fe y convencidos de su causa se movilizan, no deben permitir el desaliento que pretende estos grupúsculos.

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