Violencia de Estado

Vie, 03/10/2014 - 05:00

El 2 de octubre es una fecha importantísima en el calendario mexicano. Nos da la oportunidad de reflexionar sobre las ganas de cambio de la sociedad mexicana y la resistencia a la transformación por parte de la clase política mexicana que llegó en 1968 al extremo de la criminalidad.

Para comprender el 68 es necesario observar al movimiento antes de la matanza de Tlatelolco. El movimiento estudiantil mostró que es posible y deseable enfrentar a los sistemas autoritarios con alegría y determinación. Los estudiantes de ese entonces mostraron una nueva forma de hacer política, crítica de los totalitarismos de derecha pero también de izquierda.

El gobierno de Díaz Ordaz no supo qué hacer con los estudiantes porque no pudo comprender la naturaleza del movimiento, porque no pudo engañarlos y mucho menos pudo comprarlos. Antes como hoy, para los gobiernos del PRI todo lo que no se puede comprar o engañar es susceptible de ser perseguido y reprimido.

El regreso del PRI al poder nos ha permitido comprobar que la visión autoritaria de ese partido no ha cambiado. No llegamos todavía a la mitad del sexenio pero Peña Nieto y Osorio Chong ya han dejado una estela represiva por todo el país.

Ahí están Nestora Salgado, el doctor Mireles, las comunidades que luchan contra la construcción de La Parota, la tribu yaqui cuyos dirigentes son perseguidos y encarcelados, los presos en Quintana Roo por luchar contra la privatización del agua como ejemplo de que el PRI no ha cambiado su naturaleza represora.

Aún más, la tradición autoritaria del PRI se ha filtrado incluso a gobiernos de otros signos políticos como es el caso del estado de Puebla donde hay un menor muerto por la aplicación de la llamada Ley Bala que autoriza el uso de la fuerza contra manifestantes o el caso de Ayotzinapa.

El autoritaritarismo contemporáneo en México se manifiesta también en los medios desde donde se intenta minimizar, estigmatizar y criminalizar la protesta. Se sataniza a quienes protestan en las calles, pero se les olvida que hay funcionarios públicos encargados de que todo marche bien para que ningún ciudadano tenga la necesidad de protestar.

En contraste, el movimiento del 68 también dejó el legado de personajes fundamentales en la historia reciente del país que nunca se corrompieron, que se mantuvieron críticos, en pie de lucha contra el régimen autoritario. Ahí está el ejemplo de Heberto Casillo, José Revueltas, Raúl Álvarez Garín y tantos otros que con menos notoriedad se han mantenido firmes, honrando la memoria de sus compañeros asesinados en Tlatelolco.

Efectivamente, el 2 de octubre no se olvida, permanece en la mente de quienes protestan, de quienes luchan por transformar pacíficamente al país. Hoy como ayer continúa la lucha por la democracia, contra los fraudes electorales, contra los monopolios de la comunicación, por la libertad de los presos políticos, contra la represión y por la presentación de los desaparecidos.

 
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