Reforma educativa herida de muerte

Mié, 03/06/2015 - 05:00

No puede entenderse de otra manera: el gobierno de Peña Nieto suspendió indefinidamente la evaluación a los maestros para conjurar la amenaza de la disidencia magisterial de descarrilar las elecciones, así sea en tres o cuatro estados.

Pero la decisión, lejos de apaciguar los ánimos del magisterio contestatario, los atizó; y además, enojó a las organizaciones civiles, muy cercanas a intereses empresariales, que han enarbolado la bandera de la reforma educativa y exigen su cabal cumplimiento.

La reforma educativa recibió así, del propio gobierno, una herida de muerte. Al suspender la evaluación de los maestros, la mentada reforma se queda sin su esencia. La percepción, por lo tanto, es que Peña Nieto claudicó en uno de los cambios estructurales más cantados por su gobierno. Y peor aún: que cedió, ¡horror!, a los chantajes de la vandálica disidencia, como antes y casi siempre lo hizo ante el SNTE y su ahora encarcelada lideresa Elba Esther Gordillo. La percepción, por lo tanto, incluye la pregunta: ¿pasará lo mismo con la reforma energética o con la laboral? Las críticas al Presidente le han caído como en alud.

La reforma educativa de Peña Nieto, aquí lo hemos sostenido, tiene más que ver con la relación laboral gobierno-magisterio, que con la calidad de los contenidos y los métodos de enseñanza, aspectos centrales de un verdadero cambio en la educación.

Y tiene que ver con lo laboral, porque fue la manera que se encontró para romper el control que sobre las plazas han ejercido tanto el sindicalismo oficial como el disidente, con vicios inaceptables como la posibilidad de heredarlas de padres a hijos o de garantizarlas a los normalistas, sin que medie control de calidad alguno.

Eso permitió la realización, por primera vez, de un censo del Inegi que hizo saber que en el país hay un total de 207 mil planteles de educación básica y especial, a los que asisten 25 millones de alumnos y en los que trabajan dos millones 200 mil personas, entre maestros y personal administrativo. De ese total, un millón 128 mil son plazas de maestros frente a grupo que están ocupadas por 978 mil personas, ya que algunos tienen dos plazas. Cabe aquí precisar que en los estados donde está más consolidada la disidencia al SNTE sólo se pudo censar un promedio del 30% de la población objetivo, por lo que los resultados no están completos.

También permitió una primera evaluación con resultados desalentadores. Según datos facilitados por la propia Secretaría de Educación, en las primeras pruebas participaron 183 mil 73 profesores, de los que algo menos de 70 mil resultaron idóneos y los 113 mil restantes nada más no pasaron. De estos últimos, 34 mil 344 eran docentes en activo y que siguen, como contempla la ley, en su puesto de trabajo.

Queda claro, por lo pronto, que el SNTE ya no tiene el monopolio de la representación sindical. Pero la pregunta sigue siendo: ¿a cuántos maestros representan la Sección 9 del SNTE en el DF, o la 22 en Oaxaca, o la 7 en Michoacán, o la CETEG en Guerrero o la CNTE? No a todos, por supuesto, pero tampoco a tan pocos, como para no haber sido tomados en cuenta, aun con sus preocupaciones caciquiles, en la definición de la reforma educativa. Contra esa disidencia es contra la que van dirigidas las nuevas medidas laborales (no educativas), que incluyen la evaluación (más como purga que como auténtica medida de calidad), y que fueron enarboladas por ellos como la principal demanda para oponerse a la reforma y ahora exigir, violentamente, su derogación.

Desde luego que esa disidencia no tiene la razón frente al interés general del país, interés tampoco satisfecho, por cierto, por una reforma educativa básicamente enfocada en lo laboral. Pero lo que se pretende quitar a esa disidencia es su razón de ser, su esencia contestataria, la movilización permanente que está en su ADN y que le permite presionar, y chantajear para seguir alimentándose.

Y en medio del galimatías, el país entero es el principal perjudicado: El Informe de Capital Humano del Foro Económico Mundial situó a México en el puesto 102 de una lista de 124 países por la calidad de su educación, especialmente deficitaria en ciencia y matemáticas. Ya en 2012, el informe PISA concluyó que 55% de los alumnos mexicanos no alcanzaba el nivel básico en matemáticas y 41% no llegaba al de comprensión lectora.

Ante la inmediatez de las elecciones no se pierda de vista, por lo pronto, que esa disidencia está constituida por profesionales de la movilización. Ese es su método de lucha. Representan, por lo tanto, un serio peligro para el transcurrir pacífico de los comicios, por lo menos en los estados en los que tienen mayor presencia y fuerza.

Hubo, entonces, un error de origen que hoy paga el poder y que desestabiliza al país.

@RaulRodriguezC
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