Erotización excesiva

Mié, 03/04/2013 - 00:00

Dice el dicho que “ni tanto que queme al santo, ni tanto que no le alumbre”, y es que eso es lo que debiera ocurrir en el tema sexual. Resulta que de tanto que ha estado reprimido, mitificado y mal intencionado ahora estamos excesivamente bombardeados por mensajes sexuales, lo que ha hecho que el gusto por el sexo se apague.

Hoy nos encontramos en una estructura social que tiende a erotizar todo porque eso llama la atención, un ejemplo claro es la publicidad, la moda y la forma en que nos venden el estilo de vida, pero la sobreerotización social tiene, como todo, consecuencias y causa efectos reales y negativos en la vida privada de las personas, como la anorexia sexual, como algunos especialistas la denominan.

De qué se trata

Se trata de una saturación tal sobre el tema, que las personas acaban teniendo problemas con el placer, el disfrute y el goce sexual ya que al estar tan expuestos a cuerpos semidesnudos, gestos y poses sexuales, ropas provocativas y en todo tipo de lugares y objetos, se produce una sensación de “anestesia” frente a lo sexual.

Esto se ha visto que afecta aún más a las parejas establecidas, bajando su nivel de comportamiento sexual, pero produce una exacerbación en las que quieren tener contacto por primera vez, y miedo en las personas solas que no saben qué les pasará cuando encuentren el amor.

Por otra parte, como resultado de la inmediatez, la rapidez y lo desechable que maneja la forma de vida actual, los seres humanos requerimos de experimentar emociones muy fuertes para conectarnos con la sensación de estar vivos, y la sobreerotización, además de hacerlo, ofrece mensajes que generan expectativas muy altas en torno de la idea del amor y del sexo, pero repercute distinto en hombres que en mujeres.

No es igual para todos

Así, hoy existe una tendencia a suponer que el hombre, al verse sobreestimulado en lo sexual, activa su deseo en forma más rápida y, por lo tanto, quiere propiciar más frecuentemente los encuentros sexuales, cosa que no es así, pero se desea.

Por su parte, en las mujeres se produce lo contrario: al verse sobreerotizadas y además percibir a los hombres excitados o con una conducta sexual activa, inhiben su deseo sexual ya que se llega a suponer que jamás se estará al nivel de excitación que tanto sexo exige.

De esta manera, se crea una falsa idea general de que todo el mundo está teniendo sexo, lo que hace que la gente se presione para tenerlo cuando en realidad no lo quiere tener, o por lo menos no de esa manera rápida y presionante.

Esto apura más a mujeres con parejas inestables que tienen intimidad antes de conocer otras áreas importantes de la persona, ya que la presión social les indica que si son adultas deberían entrar rápidamente en esta dinámica de comportamiento.

En los adolescentes es donde este efecto de la sobreerotización se ve más claramente, por la mala forma en que la viven (sin información seria, sin compromiso y sin salud) a muy tempranas edades y bajo una enorme presión social.

Así, el exceso de mensajes sexuales al que los seres humanos nos hemos sometido, más allá de ayudar a liberar nuestra sexualidad sana y plenamente, está propiciando una represión de los sentimientos y de las emociones que hacen que el sexo tenga efectos en cada uno.

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