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El Estado contra la corrupción

Jue, 03/03/2016 - 04:00

En México aún falta mucho por hacer en el combate a la corrupción. Por desgracia, nuestro país no ha quedado exento del tráfico de influencias, el mal manejo de los recursos públicos y diversas faltas a la ética pública. Este ha sido uno de los problemas que más nos ha afectado a lo largo de la historia.

No podemos esconder las fallas de nuestro sistema político. Más aún, cuando tenemos casos de gobernadores encarcelados por enriquecimiento ilícito o algunos legisladores que solicitan "moches".

Sin mencionar los más diversos casos que involucran a presidentes municipales con desfalcos a sus haciendas o las diversas empresas que se han visto beneficiadas irregularmente de los contratos gubernamentales.

Estos casos han contribuido a que la ciudadanía tenga una mala percepción de la política. Lamentablemente, 7 de cada 10 mexicanos observa algún acto de corrupción en el sector público, lo cual no solamente deteriora la legitimidad de nuestras instituciones, sino también reduce la calidad de la democracia.

Las instituciones que se perciben como las más corruptas son: los partidos políticos, la policía, el poder legislativo y el poder judicial.

Según el Índice de Percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional, México cayó 31 lugares en el ‘ranking' mundial de los países con mayor corrupción. Está situación está relacionada con las estadísticas que señalan que en nuestro país se pagan en promedio 100 mil millones de dólares al año en ‘mordidas'.

Lo más preocupante de la corrupción es que frena la competitividad y la productividad. Una nación que es corrupta y que no genera un clima favorable para los negocios, deja de recibir en promedio 5% de inversiones directas.

Los datos no mienten: el 44% de las empresas mexicanas han reconocido haber pagado un soborno para poder abrir o funcionar. La situación se agrava cuando observamos que la corrupción queda en la impunidad, por ejemplo, en México sólo el 2% de los delitos son castigados. Esto, sin duda, ocasiona la creación de nuevos abusos, fomentar privilegios en algunos sectores sociales y generar desigualdad. La corrupción es un mal que debe atenderse a fondo. Por un lado, no puede quedar en la impunidad, en las lamentaciones y recriminaciones.

Todo lo contrario, la solución a este flagelo se encuentra en la aplicación de la ley, independientemente de la persona que se trate.

Por otro lado, la lucha contra la corrupción se debe dar en todos los niveles. Desde aquel funcionario público que se corrompe, el empresario que se beneficia indebidamente, el que utiliza el influyentismo, hasta el ciudadano de a pie que ofrece ‘mordidas' para agilizar trámites o tratar de evadir multas.

Ya tenemos una legislación en materia de anticorrupción y estamos en el camino para consolidar el Sistema Nacional Anticorrupción.

Al concluir la presente administración, la federación, los estados y municipios contarán con diversos instrumentos para combatir de manera eficaz los conflictos de interés, el tráfico de influencias, pero principalmente la corrupción.

Habrá muchas resistencias para que las cosas no cambien; sin embargo, estoy convencida que es lo que México requiere para lograr que los ciudadanos recuperen la confianza que han perdido en la política, en los servidores públicos y en las instituciones.

*Senadora de la República
Presidenta de la Comisión de Atención a Grupos Vulnerables.
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