Perdió el payaso, pero ganó el fanático

Es apenas el primer resultado de la carrera presidencial hacia la Casa Blanca que se definirá en noviembre próximo pero, contra lo pronosticado por las encuestas, perdió Donald Trump en el flanco republicano y ganó Hillary Clinton en el demócrata, apenas unas décimas de punto porcentual arriba de su más cercano contrincante.

Pero a Trump le ganaron con poco más de tres puntos porcentuales de diferencia, lo que fue noticia allá y una especie de satisfacción acá, pues el magnate ha sido agresivo y ofensivo con México y los mexicanos. Por eso hemos sabido de él y hemos seguido los pasos de su pretensión presidencial que, con su estilo y discurso, desafía y preocupa al ‘establishment’ estadounidense. Preocupación que el tabloide neoyorquino ‘Daily News’ reflejó contundentemente ayer al cabecear que “perdió el payaso”.

Porque sólo un payaso puede aventarse la ocurrencia de declarar que aunque matará a gente en la calle, no perdería el respaldo de los estadounidenses y sólo alguien carente de inteligencia, vamos, un estúpido, podría sugerir que los mexicanos han abusado de Estados Unidos en abierto desafío a la verdad histórica.

Entonces, perdió el estúpido, sí, pero ¡cuidado! porque ganó un fanático. La figura del millonario Trump, cierto, está asociada a los sectores conservadores de Estados Unidos y a los miedos y paranoias que los animan. Pero el hombre que le ganó a Donald (el payaso, no el pato), no sólo es más conservador que él, es un fanático de derecha. Se llama Ted Cruz, es senador por Texas de ascendencia cubana y se le conoce como “el niño mimado” del Tea Party, movimiento que aglutina a la extrema derecha de la derecha republicana.

Hijo de un cubano que es pastor evangélico, aprovechó esa condición para obtener la ventaja en Iowa, estado conformado por una comunidad blanca y muy religiosa, condición en la que ha basado su estrategia ganadora.

Iowa es apenas un botón de muestra y el principio de la carrera, pero opera bajo el refrán de que el que pega primero pega dos veces. Por eso en Estados Unidos es un referente triunfador en el intrincado sistema electoral estadounidense del que ya habrá oportunidad de hablar aquí.

Por lo pronto: perdió el payaso, pero ganó el fanático.

Instantáneas. 1. TP 01. Si no hay cambio de última hora o demora en el vuelo, hoy a la una de la mañana debió haber aterrizado en el aeropuerto internacional de la ciudad de México el nuevo avión presidencial “José María Morelos y Pavón”. El Boeing 787 Dreamliner adquirido por la pasada administración en medio de gran polémica, habrá llegado así en medio del sigilo y sin que se convocara a los medios.

2. HIDALGO. Hoy, si tampoco hay cambio de última hora, el senador Omar Fayad será designado candidato del PRI al gobierno de Hidalgo y habrá dejado en el camino las aspiraciones del también senador David Penchyna.

3. MURAT. Cuesta trabajo creer que el presidente Peña Nieto y el líder del PRI, Manlio Fabio Beltrones, se hayan decidido por la candidatura de Alejandro Murat para Oaxaca con una causal de inelegibilidad como la relativa al tiempo de residencia en el estado. La interpretación jurídica deben tenerla ya claramente definida para no dejar un dulce de ese tamaño a la alianza PAN-PRD que seguramente impugnará ante el Tribunal Electoral. Por cierto que el gobernador Gabino Cué y el PRD traen una fuerte división respecto a quién será el candidato. Gabino apoya al diputado federal con licencia José Estefan que, por su cercanía con Diódoro Carrasco, traería todo el apoyo del panismo alineado al gobernador de Puebla, Rafael Moreno Valle. Pero Agustín Basave y la dirigencia nacional perredista apoyan al senador Benjamín Robles Montoya, quien fue muy cercano al gobernador hasta que se pelearon a muerte. Mientras tanto, Alejandro Murat registró ayer su candidatura en el PRI.

4. DOCUMENTOS. Con el cambio de nombre de la capital del país, tras la promulgación de su reforma política, todos los documentos oficiales deberán dejar de decir Distrito Federal e incluir el de Ciudad de México. Ayer se publicó un acuerdo en la ahora denominada Gaceta Oficial de la Ciudad de México en el que, por razones de austeridad, se ordena agotar la papelería con la nomenclatura Distrito Federal, y se fija un plazo de 11 meses para que la documentación oficial ya contenga el nombre Ciudad de México. El plazo es el 1 de enero de 2017.

@RaulRodriguezC

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