3 en 1 ... y seguimos

Vie, 03/01/2014 - 05:00

Estaba en medio de una aburrida junta de trabajo, cuando el “ring” de mi teléfono me avisó que tenía un mensaje: “Osaaa, ¿cómo andas hoy para salir a dar la vuelta?” Casualmente, no tenía plan y sí mucho estrés acumulado. “Dale, ¿dónde nos vemos?”.

Como yo era la invitada, seguí a mi amigo en su motocicleta. Confieso que fue la primera vez que salía con un “harlero”, aún contra mis principios motociclistas. Luego les explico por qué.

Llegamos a un lugar medio “raspa”, pero ya adentro me gustó. Estacionamos las motos en la banqueta, con la bendición del “yo sé las cuido, ahí me dan pa´l chesco”. Un rato después, al despedirnos, el tipo de la puerta —como de 1.80 metros de estatura, arete, barba “de candado”, gorra, voz de hombresote y facha de “malosón”—, me dio un abrazo y me dijo: “qué chido que andas en moto. Felicidades”. ¡¡¡Mi vidaaaaa!!! Una.

Ya que mi amigo y yo traíamos pila y nuestras máquinas gasolina, fuimos a un lugar más “fresulis” para encontrarnos con otro cuate. Ustedes saben que llegar en moto a donde sea llama la atención, pero la sorpresa es mayor cuando quien maneja lleva máquina morada, casco rosa y mirada encantadora (modestia aparte, ¡ja!)

Luego de una deliciosa hamburguesa, salimos y mi amigo encendió su HD —ya conocen el “sonido” de esos motores— con lo que hizo brincar a varias personas que fumaban afuera. Al recuperar el color por el susto, una mujer se acercó, puso su mano en mi hombro y me dijo: “a mí no me importa el escándalo de ese wey, yo te quiero ver a tí arrancar tu moto. Te ves bien ching...”. Dos.

El último punto del tour fue un salón de música cubana. Sí, soy adicta a esos ritmos caribeños. Originalmente fuimos para enseñar a bailar al amigo de mi amigo, pero la que terminó bailada fui yo como pareja de un señor adorable, de esos que saben cómo tratar a una dama en la pista.

“Bailas muy bien”, me dijo. “¿Y también andas en moto? ¡Qué maravilla y es hasta más alta que la de mi hijo. Qué mujer, felicidades!”. Tres.

Al final, con la tercia de halagos en una sola noche me sentí como pavo real y con el ego motociclista por los cielos. Y qué decir de la Rubelia, ¡casi despega! ¡ja!

Ya, en serio, aunque fue muy loco recibir tres felicitaciones en una noche por ser mujer motociclista, las tomé sólo para reafirmar mi pasión por este sentimiento que me provoca el rodar y ser dueña de mi propio camino. También fue una muestra más para quienes aún dudan que las mujeres podemos hacer eso y más.

Así, con esa rodadita, la Rubelia y yo despedimos el 2013. Y mientras regresábamos a casa, pensé: “uy, y lo que nos espera para el 2014”. ¡Ya les contaré!... A bientôt!!!

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