El I Informe

Lun, 02/09/2013 - 05:00

En medio de enfrentamientos de grupos de anarquistas y granaderos, así como una marcha de disidentes de la CNTE movilizados en el DF y en sus estados de origen desde hace dos semana contra la reforma educativa, 411 de 500 diputados y 89 de 128 senadores realizaron ayer la sesión de Congreso General para iniciar el segundo año de la LXII Legislatura y recibir el I Informe del presidente Enrique Peña Nieto.

De incertidumbre, por decir lo menos, fue el ánimo que prevaleció en el cumplimiento de las formas exigidas por la ley y nuestro protocolo de república representativa y federal. En cuanto al fondo, ese ánimo es de una franca preocupación entre la parálisis y la alarma de la convulsión social.

Dentro de San Lázaro la sesión, la entrega del Informe presidencial de manos del secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, los posicionamientos de los partidos y, hasta el momento de cerrar esta columna, la posibilidad de que ayer mismo (no el martes como estaba previsto), los diputados dieran entrada, discutieran y aprobaran la iniciativa de Ley General del Servicio Profesional Docente (la evaluación magisterial).

Afuera de San Lázaro, en la frontera marcada por vallas metálicas y varios cientos de granaderos y policías federales, anarquistas lanzando piedras y bombas incendiarias; la CNTE marchando hacia el Congreso y regresando al campamento del Zócalo ante la imposibilidad de llegar a la Cámara de Diputados; y su comisión negociadora en espera de saber si seguía abierta la mesa de diálogo y convocando para el miércoles a una gran manifestación que, dicen, marcará el inicio de la fase de insurgencia.

Mientras todo esto ocurría, la Presidencia divulgaba, previo al mensaje que tendrá lugar hoy a las 10 en Los Pinos, los logros de Peña Nieto en estos primeros nueve meses de gestión, destacando como primer punto el Pacto por México. Primer punto y prácticamente único pues de él derivan los que serán otros logros que la Presidencia ya asume como tales: “… se han impulsado reformas, políticas públicas, programas y acciones con un objetivo muy claro: mover y transformar a México para llevarlo a su máximo potencial”.

Después de las violentas protestas que marcaron la ceremonia de toma de posesión y que se reprodujeron ayer aunque en menor grado, el gobierno de Peña Nieto inició a tambor batiente con la firma de un mecanismo de concertación política con los tres principales partidos del país, el Pacto por México, lo que permitió contrastar la tortuosidad de procesos político-legislativos anteriores por la falta de una mayoría absoluta en el Congreso, con la rapidez que posibilitaría procesarlos mediante acuerdos mínimos previos.

Fue así que se concretaron los cambios en las leyes reglamentarias en materia laboral que había iniciado el gobierno de Calderón y se decidió entrarle a los cambios constitucionales en materia educativa y energética.

La reforma educativa se procesó en diciembre mismo y para marzo de 2012 ya contaba con la aprobación de la mayoría de los Congresos locales. La acusación y captura de Elba Esther Gordillo y el alineamiento de la nueva dirigencia magisterial del SNTE ofreció la certeza de que los cambios reglamentarios transitarían sin problema. Pero al parecer no se calculó la capacidad de movilización de la CNTE que, desde marzo pasado, envió señales de oposición con los bloqueos a la autopista del Sol.

El caso es que la reforma educativa se atoró, la movilización de la CNTE parece implacable y la protesta contra la reforma energética empieza a mostrar su cara tumultuosa, situaciones que desvelan el carácter cupular del Pacto por México y el innegable hecho de que cada vez más mexicanos no se sienten incluidos en los mecanismos institucionales de representación.

Lo que el Pacto y la propaganda oficial mostraban como el “momento de México” se ha desmoronado no sólo por éstos, sino por muchos hechos que lo cuestionan: el avance del crimen, las explosiones violentas, la prepotencia del narcotráfico, la infiltración de grupos radicales, la proliferación de autodefensas ante la imposibilidad del Estado de garantizar vidas y propiedades, la contracción de la economía (con un pronóstico de crecimiento disminuido de 3.5 a 1.7%), y el crecimiento del desempleo y la miseria.

¿De eso informará Peña Nieto en su mensaje de hoy o será una secuencia de autoelogios a la que intercalará uno que otro anuncio espectacular como el cambio de nombres en el gabinete? La situación está muy complicada y no debería ser razón de la alegría de sus opositores. Todos los mexicanos navegamos en un mismo barco. Ojalá el Presidente diera un golpe de timón.

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