Del IVA en medicinas y alimentos

Lun, 01/04/2013 - 01:00

La pretendida reforma estructural en materia hacendaria busca, entre otras cosas, desde tiempos de Ernesto Zedillo, aumentar la recaudación fiscal mediante el cobro del IVA en alimentos y medicinas. En aquel gobierno, el voto del PAN se opuso a lo que luego buscaría afanosamente con sus gobiernos, el de Vicente Fox y el de Felipe Calderón, sin que se los permitiera el PRI con sus cálculos políticos para recuperar Los Pinos.

La izquierda electoral, aglutinada en la figura de López Obrador, se ha opuesto sistemáticamente al cobro de tal gravamen aunque ahora, con el PRD bajo el control del chuchismo convenenciero, es previsible que lo respalde, si nos atenemos a los compromisos asumidos en el Pacto por México, impulsado por el tricolor y Enrique Peña Nieto que, ya desde el poder, consideran indispensable que tal impuesto forme parte de la reforma hacendaria.

El párrafo anterior resume 18 años de debate que ha provocado y seguirá provocando gran revuelo entre la gente porque innegablemente aumentará lo que tengamos que pagar por la comida y los medicamentos; y en consecuencia entre quienes al aprobar una medida de esa naturaleza deberán pagar un costo político.

Todo indica que dentro del Pacto por México se camina hacia derogar la tasa cero de IVA en alimentos y medicinas, para aplicarles un 10 o 15%. Habrá de calcular si la oposición que tal medida genere entre la que encabeza López Obrador con el Morena será capaz de revertirla, lo que se vislumbra poco probable.

Y hay, en medio de todo esto, proposiciones de mecanismos que pueden redundar en beneficios para la gente, aún pagando el mentado IVA en, por ejemplo, las medicinas, posibilidad que da el hecho de que se trata de un ingreso al consumo y no a la producción, un impuesto cuyo pago abre la posibilidad de que quien lo paga pueda obtener un provecho para sí mismo.

Una de esas proposiciones es de José Manuel Gómez Porchini, colaborador de la agencia digital Fórum Línea y quien la argumenta detalladamente en su blog htpp://mexicodebesaliradelante.blogspot.com.

En ésta recuerda que 80% de los medicamentos que se venden en México son adquiridos por el sector salud del gobierno, es decir, son medicamentos que se entregan a las personas sin costo. Sólo el 20%, lo compra la población abierta.

Luego entonces, mucha gente de bajos recursos recibe las medicinas del gobierno y los que no son beneficiarios de algún tipo de seguridad social de plano no los compran porque no tienen con qué. Y los que tienen de más no los procuran, pues los consiguen de importación o en el extranjero. De manera que queda a cargo de la clase media (siempre la más lastimada, dice Gómez Porchini) el costo de esas medicinas que ahora van a tener IVA.

Entonces la proposición es:

“Que se tome del pago del IVA, el equivalente a tres puntos porcentuales a favor de cada uno de los que realice una compra, con lo que se irían creando fondos para garantizar la seguridad social de todos y cada uno de los pobladores del país”.

La pregunta es ¿cómo? Y José Manuel Gómez Porchini responde:

“Que el gobierno federal otorgue a cada uno de los habitantes del país una tarjeta ligada al CURP que pueda utilizarse en cada operación gravada con IVA, de tal manera que el equivalente a tres puntos (porcentuales) de IVA se depositen en la cuenta del titular de manera que se vaya formando un verdadero patrimonio a favor del titular, del que podrá disponer para cubrir su servicio médico y, a futuro, el costo de su pensión.

“En ese momento, cuando cada compra realizada permita a las personas obtener un porcentaje en su favor, habrá más de 100 millones de inspectores fiscales.

“Las empresas podrán disponer de esos puntos en su favor para pagar impuestos, lo que hará que la recaudación a favor del gobierno sea más tersa y no tan agresiva como lo es actualmente.

“Y cuando sea el gobierno el que adquiera bienes y servicios, los puntos a su favor serán para garantizar la seguridad social de los que nunca compran, para los de mayor edad que no han acumulado fondos y para cubrir prensiones que se encuentran pendientes”.

El planteamiento, pues, no suena descabellado y parece sensato y redistributivo. ¿Usted qué opina?

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