Gas robada los envenenó

Aseguran que pobreza y falta de trabajo son las causas de la tragedia en Tlahuelilpan

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Pobladores dicen que los jóvenes del pueblo alertaban en redes sociales sobre saqueos a ductos
Yara Silva
23/01/2019 - 09:36

HIDALGO.— A Tlahuelilpan lo envenenó la gasolina. Su gente ahogó el pasado del pueblo en bidones que prometen riqueza y esperanza.

Ese es el sentir de quienes acuden a la Plaza que cada martes, desde hace décadas, se instala en el centro de este pueblo de Hidalgo. 

Entre puestos y pasillos, se escucha murmurar a su gente: “Fueron los jóvenes del pueblo, los que al enterarse que habían perforado el ducto en el predio El Primitivo, no dejaron pasar la oportunidad”.

Ellos, los más jóvenes del pueblo, ven en un chorro de gasolina la fuente de la riqueza.

Y lo confirman: “En este pueblo no hay mucho por hacer. El mejor trabajo es ser vendedor en la Plaza, pero para ser comerciante tienes que tener dinero para invertir ”.

(Foto: Armando Martínez, El Gráfico)

SEÑALAN A JÓVENES. Por eso, desde hace dos años, cuando el incremento al precio de la gasolina provocó saqueos en locales y negocios de Tlahuelilpan, los jóvenes formaron grupos en redes sociales en los que invitaban a los pobladores a unirse a la venta de gasolina robada. 

Dicen los mayores que desde entonces perdieron su historia. Atrás quedó el trabajo de la venta de animales, paja, forraje. 

Sólo los viejos se instalan todos los martes de Plaza para ofrecer semillas en venta. Y son ellos los que hoy murmuran que la tragedia ocurrida en El Primitivo es culpa de la gasolina que envenenó a su gente.

Por eso, los ancianos no se acercan a los ductos, no se enteran cuando hay perforaciones. “Los viejos somos del campo y no pedimos más que tierra, agua y semillas”. 

Tampoco piden ayuda del gobierno. Saben que “esas monedas son sólo un regalo temporal”, pero las nuevas generaciones exigen más, quieren una carrera y un trabajo.

Y es que los tiempos de cultivo los deja medio año desocupados y en la carencia. Por eso, los huachicoleros aprovechan el invierno para acarrear a los hombres desempleados. 

Aquí, ni asistir a la Universidad cambia en algo el destino de los tlahuelilpenses; dicen los estudiantes de Medicina que ahí sólo se pueden estudiar cuatro semestres de la carrera. Quien quiere convertirse en médico, debe ir a la capital. Por eso, los salones lucen vacíos, el veneno de la gasolina los ha envuelto y ha terminado hasta por matarlos.

(Foto: Armando Martínez, El Gráfico)

 

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