Huérfanos de Ayotzinapa sufren ausencia de sus padres

Los hijos de los normalistas desaparecidos viven en precarias condiciones, pues apenas les alcanza para comer
26/02/2015 - 05:00

La ausencia de la figura paterna desde hace cinco meses no sólo la vive América Campos y su hermana Gabriela, en la misma situación se encuentran José, Alison, Naomi y otros dos menores, todos hijos de alguno de los 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos” que fueron entregados por la policía municipal de Iguala y Cocula al crimen organizado para desaparecerlos.

El barrio del Fortín, en Tixtla, Guerrero, que vio nacer a José Ángel Campos Cantor, ahora es testigo de la situación en la que se encuentra su esposa y sus dos hijas que, al igual que los otros cinco menores, han sido olvidados por las autoridades durante estos cinco meses.

Todos los días, América Natividad Campos González sale a vender dulces. En la entrada de su casa coloca una pequeña mesa en la que exhibe chocolates, chicles, paletas y chicarrones preparados.

La pequeña asumió un rol que no le corresponde, pero ante la falta de su padre José Ángel, la necesidad la obligó a hacerlo para poder ayudar a su madre Blanca González Cantú.

A sus escasos ocho años, América sabe lo que es ganarse el dinero; cambió las muñecas y los ratos de diversión por ganarse, si bien le va, 30 pesos al día para ayudar a su mamá.

Pero la menor, que cursa el tercer año de primaria, no sale sola; en ocasiones la que la acompaña es su hermana Gabriela Guadalupe, de apenas seis meses de nacida, a quien sienta en sus piernas durante la jornada laboral.

América sabe lo que sucedió con su padre; por eso, además de la venta de dulces, desde hace tres meses participa de manera ocasional en las marchas para exigir el regreso con vida de su papá. Incluso, tiene pensado crear una cuenta en Facebook con el perfil de su padre para que si alguien lo ha visto, lo informe de inmediato.

La pequeña también recibe apoyo de otras personas, como de sus abuelos y de algunos maestros. Doña Romana vende por las noches elotes para apoyar a sus nietas, mientras que el abuelo Bernardo Campos, es quien se suma todos los días a las movilizaciones.

En las mismas condiciones de escasos recursos están José Ángel Abraján de la Cruz y su hermana Alison, hijos del normalista de 24 años, Adán Abraján de la Cruz.

El pequeño José Ángel, de ocho años, cursa el tercer grado de primaria, y su hermana Alison apenas tiene tres años.

Adán entró a la normal con la idea de prepararse y ofrecer una mejor vida a su familia, que vive en un pequeño cuarto  donde su cama es un petate. La falta de recursos en la familia no dan más que para que los pequeños coman frijoles, arroz y, si alcanza, un pedazo de queso.

En el patio central de Ayotzinapa esperan 43 butacas con el rostro de cada uno de los normalistas. Ahí, se aprecia que en el asiento de Doriam González Parral también es padre. En el pupitre resalta una manta bordada con un pequeño mensaje: “Papi, regresa”.

En otra silla está la foto de Israel Caballero Sánchez, de 21 años, quien tiene un mensaje pero en el árbol de Navidad que aún sigue en Ayotzinapa. “Tu esposa y tu hijo te estamos esperando”.

 

Por: Dennis A. García

 

 
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