No sólo es el “pi, pi, pi, pi”

Micros se mueven al son que les toquen

Cumbias, rock, canciones románticas y hasta mensajes de paz, oyen los choferes
Redacción
24/07/2016 - 10:18

Subir a un microbús es como entrar a una máquina del tiempo en donde no se sabe qué botón se apretó hasta que el usuario paga, se recorre en doble fila y se afianza de los tubos.

Ahí comienza la experiencia musical, esas “playlist” que se han convertido en un símbolo del transporte público que mueve a los chilangos.

Aunque al microbusero se le tiene identificado con cumbias y salsas de grupos como Cañaveral o Los Ángeles Azules, donde el ya gastado “pi, pi, pi, pi” ha hecho eco en la televisión, en la vida real la música que escuchan no es de un sólo tipo.

De hacer una clasificación, podrían identificarse por lo menos cuatro modalidades: el microbusero sonidero que sí cumple con el cliché.

Este trabajador del volante escucha cumbias, salsas, bachatas, duranguense, la inefable música de banda y hasta reguetón.

Aquí el volumen es lo importante, pues mientras más estridente sea el sonido, más rápido va a conducir.

Otra modalidad es el chofer rockero que puede dividirse en dos. El clásico, señores de entre 40 y 50 años fanáticos de grupos como The Beatles, The Rolling Stones y hasta Kiss. Y los “puristas del lenguaje”, que son quienes sólo escuchan música en español como El Tri, Héroes del Silencio y bandas urbanas como Heavy Nopal.

Las otras dos clasificaciones son quizá propias del chofer moderno. Está el operario romántico que por cuatro o cinco pesos da un tour musical desde Los Ángeles Negros, Camilo Sesto hasta Luis Miguel y Juan Gabriel.

Una última clasificación la ocupan los microbuseros “con ganas de superación”. Estos destacan por escuchar estaciones de radio con revistas matutinas dedicadas a dar mensajes de paz y buenaventura.

Hasta hace algunos años, raro era el microbús que no contaba con más de cuatro bocinas en su unidad, pues las de ley eran dos delanteras y dos en la parte de atrás permitiendo una cobertura de sonido que de haberlo patentado debió llamarse “Bus Theatre”.

Con información de Diana Delgado.

 
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