Turistas en Egipto atacados con saña

Una de las sobrevivientes del ataque en Egipto narra la tragedia: “No había ni dónde esconderse”

Egipto (Foto: El Gráfico)

Al día 17/09/2015 13:21 Actualizada 13:23
 

Por: Amanda Figueras

EN EL CAIRO, EGIPTO

Dios quiso que conociera lo que es el miedo de verdad, la soledad ¿Por qué?, ¿qué había allí? Nada, no había nada. Le llaman el desierto de los mares. 

Quien habla es la mexicana Susana Calderón. Desde la cama del hospital cairota de Dar al Fouad, con una lucidez sorprendente, recuerda los detalles del que iba a ser un día en un oasis y acabó siendo un día en el infierno. Susana es una superviviente.

Residente en Guadalajara, esta mujer formaba parte de los 14 mexicanos bombardeados por las fuerzas de seguridad egipcias en el desierto Occidental “por error” —como han dicho las autoridades del país—. Su marido, Luis Barajas Fernández, es uno de los ocho muertos.

Ayer, la titular de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) de México, Claudia Ruiz Massieu, llegó a El Cairo. Con ella viajaron familiares de las víctimas, pero los de Susana volaron en otro avión y será hoy cuando se encuentre con ellos.

“Estoy desesperada y quiero irme ya de aquí. Me dicen que sólo han pasado dos días, pero me parece una eternidad”.

VERSIONES ENCONTRADAS. Fija la mirada como recordando aquel mediodía. “Hay paisajes muy hermosos, pero nada más. No hay dónde resguardarse, no hay donde correr. ¿Por qué pasó esto? No lo sé, no lo entiendo”.

Las versiones sobre lo sucedido son variadas e, incluso, contradictorias. Según informó el ministerio de Interior egipcio, los turistas estaban en una zona prohibida; la portavoz de Turismo dijo que el tour no tenía la licencia para estar en dicho lugar, pero la Asociación de Guías Turísticos de Egipto aseguró que el grupo tenía todos los papeles en regla.

El plan de viaje no menciona que habría una comida en el desierto, y fuentes de Windows do Egypt dicen que esa parada no estaba bajo su responsabilidad.

Susana no se lo explica. Y el guía de la excursión, Nabil El Tamawi, está muerto. Para ella, no había nada fuera de lo normal. 

Cuenta que las autoridades pararon el convoy dos veces y que los guías enseñaron unos papeles. Les dejaron continuar. 

—¿Sientes enfado, odio o simplemente es incomprensión?

—Estoy en un desconcierto total. No sé, yo no termino de entender. Porque se vio la saña con la que iban y venían, fueron como cinco veces. Fuimos bombardeados como cinco veces, siempre desde el aire. Todo duró unas tres horas.

Le han operado del brazo izquierdo, el derecho está lleno de ampollas. “Creo que porque los coches salieron ardiendo”.  Tiene la pierna derecha paralizada, aunque los médicos le han dicho que la recuperará con algo de tiempo.

LLUVIA DE ARTILLERÍA. Susana dice que tras el primer bombardeo los conductores egipcios llamaron a alguien, pero no sabe a quién;  piensa que gracias a ellos llegaron las ambulancias tiempo después. 

Iban a comer en el desierto y a hacer “esos ritos que tienen los egipcios”. Los conductores prepararían el almuerzo.

Con una mano dibuja en el aire la escena: “Pusieron un coche allí, otro aquí y en medio una lona. Yo estaba con mi marido en el otro extremo, al lado de otro coche, poniéndome protector solar”. Fue entonces cuando sin saber por qué, una lluvia de artillería empezó a caer. “No sé si eran cohetes o bombas o qué era, pero había ráfagas”.

EL VIAJE DE SUS SUEÑOS. El ruido del oxígeno en la habitación la está volviendo loca y me pide que pregunte si lo pueden quitar por un rato. 

Susana quiere distraerse y salpica su relato con otros temas, como su afición por los llamados ‘Renacidos’, unos muñecos que imitan a bebés. 

Ella y su esposo, con quien llevaba 20 años de matrimonio, no tienen hijos. “Sólo éramos él y yo. Nada más. Tengo ‘hijitos’ como yo les llamo. Son unos muñecos que parecen bebés de verdad. Muchos vienen de España. Una escultora saca los moldes de un bebé real y luego hacen los muñecos. Tengo ocho”.

Susana y Luis llevaban planeando esta larga escapada con gran ilusión desde mayo. “Era el viaje de nuestras vidas. Después de Egipto íbamos a París y comenzábamos un recorrido por Europa. Íbamos a Francia, Bélgica, Alemania, Austria e Italia”.

Es tarde, pero Susana no tiene sueño. “Alguien me preguntaba que si iba a volver al Cairo, a Egipto, después de esto. Y yo le dije: No lo sé, tal vez cuando olvide esto; en otra vida tal vez, porque en esta no creo”.

 

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