VIDAS CALLEJERAS

Fusiona sus dos pasiones en la calle

Óscar, de 21 años, se gana la vida interpretando rolas de Lora en las calles, mientras en ancas lleva a su pequeña toda la jornada
Tanya Guerrero
13/01/2017 - 12:32

Su fan número uno tiene doce meses y diez kilos de peso. Con él va a todas sus presentaciones, escucha cada una de sus rolas e incluso, aunque Paty aún no sabe hablar, tararea su canción favorita. Óscar Perea, cantante y guitarrista urbano, se deja admirar por su hija. 

En cada esquina donde canta, la lleva, literal, cerca del corazón. Las cuerdas de su guitarra suenan como si la melodía de las tres únicas canciones que este joven de 21 años repite incesante para sacar el gasto del día, salieran también de esa pequeña alma.

Cuando Paty se despierta, Óscar tiene que hacer una pausa. Sentarse un rato para darle comida o algo de beber. Cuando por fin Paty se queda tranquila y satisfecha, Óscar sigue cantando durante las ocho horas restantes que son las que mantienen a su esposa y a su otro hijo, un año mayor que Paty. A unos metros de él, ambos esperan a que termine su jornada, mientras contribuyen vendiendo dulces. 

"Yo nunca tuve a mis padres cerca. De niño, alguna vez dije que mis hijos siempre iban a estar junto a mí. Cuando la gente me dice que deje a mi hija en casa, les digo que no porque yo todo el día ando fuera". 

Óscar se atrevió a cantar por primera vez en público hace siete meses. Ocho años antes, aprendió de sólo ver al hombre que lo acercó a la música, rasgando las cuerdas de la guitarra para interpretar bolero.

"Me decía, vente aquí para aprender, me daba de comer y me prestaba su guitarra para empezar a chingarle", comenta el artista urbano, quien meses después abandonó su gusto por la música para recuperarlo años más tarde como una necesidad. 

Afuera del metro Sevilla, en restaurantes y sobre avenida Juárez repitió una y otra vez la misma canción, la única que se aprendió en ese entonces; hasta que con la práctica y el paso del tiempo, además de cantar "Las piedras rodantes", comenzó con "Historias de un minuto" y otras rolas de Alex Lora. Prefirió eso a irse de nuevo remitido al MP por vender dulces en el Metro. 

Aunque hoy, el dolor de los riñones y la espalda lo mata por cargar todo el día a Paty, Óscar cree que este sacrificio vale la pena por estar siempre acompañado de su familia, con quienes recorre la ciudad a diario desde Chalco hasta el Centro. 

Óscar busca aprender más porque en la calle la gente lo felicita y piensa que le ofrecerían trabajo si supiera otras canciones. Con lo que ahora hace, sin papeles ni escuela, la gente se acerca a darle dinero, ropa o comida que guarda todo el día para llegar a casa en la noche y compartirla con su esposa e hijos. 

Desde que tiene conciencia, la vida de Óscar se ha tratado de sobrevivir. La soledad y el abandono lo han seguido hasta el día que formó una familia.

 

Un vídeo publicado por El Gráfico (@elgraficomx) el 13 de Ene de 2017 a la(s) 10:31 PST

 
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