Víctimas de cuatro patas: Cuando Beatriz volvió a casa, perrita estaba muerta

Chikis nació en Chihuahua, pero murió en Distrito Federal
Paola Ascencio
09/10/2015 - 11:38

A ella nadie la vio agonizar, murió sin compañía, sin la presencia de alguien que pudiera o intentara salvarla. 

Nadie lo sospechaba, porque antes de irse a trabajar, Beatriz, su dueña, pensó en que el de minutos antes había sido un paseo como todos los demás. Como los que a diario realizaban.

De su sufrimiento sólo hay como prueba vidrios rotos, muebles tirados y restos de comida que expulsó su cuerpo. ‘Playita’ estaba ahí, pero ella no podía hacer nada, porque es una perrita que fue su compañera de vida.

El caso de ‘Chikis’ no fue como los otros perros, a su dueña nadie le advirtió lo que podía pasar. ‘Chikis’ fue la primera víctima que murió por envenenamiento en la colonia Condesa. 

Fue adoptada. De raza labrador, ‘Chikis’ fue adoptada con la misión de ayudar a quienes no pueden ver el mundo. Era una perrita pequeña, con los huesos de las costillas marcados. Estaba sucia y contaba sólo con un par de meses encima. Pero así, con poco pelo, deteriorada y escondida en un rincón, les pareció suficiente para cumplir el sueño del hermano de Beatriz, quien quería ser entrenador de perros lazarillo.

Con el tiempo, el hermano de Beatriz abandonó el sueño y cambió de profesión. también cambió el destino de ‘Chikis’, que empezó a ser un miembro de su familia al mudarse con Beatriz al DF.

Beatriz cuenta que la perrita de color negro tenía personalidad. Como si estuviera viva. La recuerda traviesa, tierna y asegura que ‘Chikis’ sabía hasta dónde llegar para conseguir lo que quería. Adquirir premios era su especialidad.

El 29 de septiembre, ‘Chikis’ salió a pasear junto a ‘Playita’. Ese día ‘Chikis’ no llevaba correa, ‘Playita’ sí. Caminaron juntas, pero la labrador de color negro se desvió. Dice Beatriz que algo en una jardinera la animó y le provocó una euforia pocas veces vista. Husmeó entre los arbustos, comió, y Beatriz le llamó la atención para que se alejara del lugar. Continuaron el paseo. 

Tras el paseo, las tres regresaron a casa; Beatriz le quitó la correa a ‘Playita’ y ‘Chikis’ entró apresurada al departamento. Luego la metió a su habitación —alejada de ‘Playita’ como solía hacerlo después de pasear—, le dio de comer y se fue a trabajar. Esa fue la última vez que Beatriz convivió con ‘Chikis’. Dos horas más tarde, cuando la joven estaba en su oficina, la empleada doméstica le llamó para decirle que ‘Chikis’ había muerto. 

“Yo la dejé normal, no tenía síntomas, nada”, asegura la joven, quien dejó su trabajo para ir a su departamento. Regresó y a diferencia de otras ocasiones ‘Chikis’ no la recibió. 

Entró a su habitación y la vio. Dice que era diferente, no se veía como ‘Chikis’ solía ser. Estaba acostada, tiesa, con los ojos abiertos y el hocico trabado. Su piel estaba húmeda, pero ya no guardaba el calor que Beatriz solía sentir al estar con ella. Llamó a su madre, a su abuela, a su hermana. Toda la familia llegó para apoyarla. 

Minutos después el veterinario la estaba incinerando. Ese fue el final de ‘Chikis’, pero para Beatriz no era el desenlace de la historia. 

“Esperé a que llegara mi hermana y le dije: ‘Yo sé dónde está el veneno’. Fuimos a la jardinera, inspeccionamos el lugar y sí, había un montón de comida para perro, por eso creo que se animó a comer”. 

Destrozada por la muerte de ‘Chikis’, Beatriz tocó el timbre del dueño de la jardinera para avisarle del alimento contaminado. El hombre aseguró que él no era el responsable. Al día siguiente, la jardinera estaba limpia, ‘Chikis’ ya no estaba y Beatriz aprendió la mejor lección.

 
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