Víctimas de cuatro patas: “Ningún perro se merece esto”

La familia comparte la historia de ‘Cosmo’ para que no se repita
Paola Ascencio
08/10/2015 - 11:05

Durante diez minutos en una sala de espera, una parte de Milagro Velasco agonizó y murió junto con su mejor amigo. Ese que durante dos años fue su confidente cada noche. Sus orejas siempre estuvieron levantadas, dispuestas a escuchar las anécdotas que Milagro le contaba antes de dormir.

Pero la historia de ‘Cosmo’ —antes de llamarse ‘Cosmo’—, comenzó en el Desierto de los Leones. Sus ojos aún no se abrían, sus patas apenas aguantaban el peso de su cuerpo y la falta de agua le arrebataba poco a poco la vida.

EL RESCATE. Fue el novio de Milagro quien lo encontró durante un paseo. Tocado por la compasión el joven recogió al cachorro. Bastaron cuatro días y un tratamiento a base de suero para que el can se recuperara.

Cuenta Milagro o ‘Milly’ que fueron sus brazos lo primero que vio el perro al despertar. “Llegó como una bala. Mordiendo, corriendo, feliz de la vida. Era muy protector, travieso y yo siempre le veía una sonrisa. Era precioso, me cambió la vida”, menciona.

Cuando Milagro habla de ‘Cosmo’ no se le acaban los adjetivos. Era un perro inocente, entregado, travieso como un niño. Dice que ‘Cosmo’ fue la mejor lección de vida que ha tenido sobre el amor. Quizás para su perro, ser amoroso era parte de su naturaleza, quizás aprendió a querer o quizás sólo era una forma de agradecer el ser rescatado. 

Pero Milagro también tiene algo que agradecer a ‘Cosmo’. En su duelo, tras el rompimiento con su novio —el mismo que llevó a ‘Cosmo’ a sus brazos—, el perro fue su principal apoyo. Las noche de películas ya no eran con el joven, sino al lado del perro. Era el can quien la hacía sentirse tranquila, quien la animaba a salir y le daba serenidad. 

LA CALLE MALDITA. La semana pasada, el viernes 2 de octubre, ‘Milly’ tomó la correa de ‘Cosmo’ y la atoró en su collar. Salió de su casa y caminó rumbo al Parque México. Antes de llegar a su destino pasaron por la calle Ozuluama. Ahí, ‘Cosmo’ olió con desesperación una jardinera y metió algo a su hocico.

‘Milly’ inmediatamente lo notó. Abrió con las manos la boca del perro y notó una esfera negra en su interior. Aunque intentó sacarla, la bolita se fue a la garganta del animal. En segundos, ‘Cosmo’ ingirió la sustancia que terminaría con su vida.

‘Estuvimos en el parque, él corriendo súper contento, todavía llegamos a casa y me aventó su huesito para que jugara con él. Pero después de dos horas empezó a vomitar’.

LA AGONÍA. Fueron segundos los que tomaron para que el veneno reaccionara en su cuerpo y ‘Cosmo’ comenzara a correr impaciente. Chocó contra los muebles, contra la pared y su cuerpo comenzó a convulsionar. En ese momento, ‘Milly’ llamó desesperada a su veterinario.

La llamada dio tono, una, dos, tres veces, pero nadie contestó. Lo intentó de nuevo, pero esta vez las malas noticias se le adelantaron. Mientras ‘Milly’ recibía un posible diagnóstico por teléfono, ‘Cosmo’ dejó de respirar. Su cuerpo quedó tendido en la sala de su casa. 

La esperanza de que su mejor amigo estuviera inconsciente aún latía en el corazón de ‘Milly’ y en el de su padre. Por eso lo llevaron al veterinario. Ahí, después de diez minutos de espera, les confirmaron que ‘Cosmo’, su perro, había muerto intoxicado como los demás.

 
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