En las oficinas del Gobierno del Distrito Federal (GDF) hubo poco qué celebrar. Las caras largas fueron muchas, pese a que oficialmente hasta mañana se sabrá quién es el Presidente de México.Las acusaciones variaban, pero no todas señalaban al árbitro como el responsable. Entre los funcionarios de primer nivel hubo quien aceptó que en algún momento hubo exceso de confianza.
Otros más trataban de sembrar dudas a partir de supuestos arreglos en los que mediante la manipulación de las cifras se buscaría apergullar a López Obrador para que cediera en algunos aspectos y condicionarle el triunfo.
La mañana fue silenciosa y el triunfo de Marcelo Ebrard alertó a más de uno, indicándole que a partir del 1 de diciembre su lugar estará en otro lado.
Según fuentes de la administración local que pidieron no ser identificadas, la propuesta de Marcelo Ebrard dista mucho de lo que fue el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, que luego heredó Alejandro Encinas Rodríguez; la historia priísta y su comportamiento al interior del propio gabinete ponen en duda que el virtual jefe de gobierno pueda cumplir 20 de los 50 compromisos que hizo.
Otros más que están en puestos estratégicos aseguraron que aunque existiera una invitación del propio Ebrard para formar parte de su equipo, difícilmente la aceptarían. "Es que no va a ser lo mismo; yo a él simplemente no le creo y pues cuando no le crees a alguien, pues no puedes trabajar", mencionaron.
El desencanto por no arrasar en la elección federal fue tal, que incluso el jefe de gobierno evitó responder dónde quedaron los 10 puntos de ventaja que le daban al candidato por la coalición Por el Bien de Todos, Andrés Manuel López Obrador, sus propias encuestas.